Cada mensaje, chat, aviso, notificación, sonido o alarma que nos rodea, nos obliga a perder el interés del trabajo principal y por tanto, nos distrae.

Es incontable las veces al día que prestamos más atención a esas pequeñas distracciones que al final consiguen retrasarnos en nuestro trabajo, convirtiendo nuestra rutina diaria en una carrera contra el reloj porque nunca llegamos y siempre nos falta tiempo.

Si sumáramos todos los minutos y segundos que empleamos en atender esos mensajes y avisos, tendríamos al final del día un montón de tiempo para poder finalizar tareas y acabar el trabajo sin presiones de última hora.

Por eso, en busca de esa concentración que nos falta, deberíamos seguir esta rutina o al menos intentar cumplir los máximos puntos de esa lista:

– Desconectar perfiles.
Salir de nuestra cuenta de cualquier red social a la que podamos tener acceso durante el horario de trabajo, empleando los descansos para poder comprobar mensajes.

– Apagón de notificaciones.
Aunque no estemos conectados, a través del móvil y el correo recibiremos avisos de actividad en nuestros perfiles. Es necesario desactivarlas para poder evitar la tentación.

– Restringir el uso del teléfono móvil.
Mantenerlo activo por posibles llamadas importantes. Mantener el resto de aplicaciones fuera de uso durante el horario laboral para evitar perder el tiempo.

– Gestores de tareas útiles.
A veces los gestores de tareas nos quitan más tiempo del que nos dan, por eso necesitamos un gestor sencillo que nos indique en un simple vistazo, las tareas del día para poder ir controlando el trabajo realizado.

– Cumplir los horarios de descanso.
Hay días en los que las pausas de café se alargan más de lo normal y ya parten el ritmo de productividad. Debemos adaptarnos a los 10 minutos de rigor para no perder la concentración en la tarea que estamos realizando.