¿Becario o estudiante en prácticas? Entonces seguramente te interese saber que tu empresa tiene obligación de darte de alta en la seguridad social y tributar por ello si no lo hace ya. Eso sí, sólo en el caso de que estés cobrando algún tipo de remuneración por este trabajo en prácticas. Ya sea una remuneración en dinero o en especie. Una sentencia del Tribunal Supremo restauraba este pasado verano el derecho y la obligación de cotizar de los becarios, y la consiguiente orden ministerial publicada en el BOE da de plazo a las empresas hasta el próximo 30 de septiembre para dar de alta a sus becarios.

En total, las empresas tendrán que ingresar 34,72€ al mes en las arcas de la tesorería de la seguridad social por becario contratado. La mayor parte de ese dinero (30,52€) se destinará a una partida que contemple las contingencias comunes de jubilación, invalidez ó enfermedad. Y el resto (4,20€) a una partida para cubrir los gastos del becario en caso de accidentes de trabajo o enfermedades profesionales. Además, el propio becario aportará otros 6,09€ de su sueldo a la primera partida, que da derecho a las prestaciones correspondientes en los tres casos citados.

La batalla por los derechos de los becarios empezó en 2011. Entonces, el gobierno obligó por primera vez a las empresas a cotizar a la Seguridad Social por los trabajadores en prácticas. Sin embargo, muy poco después anuló tal obligación en el caso de que fueran prácticas vinculadas a la Universidad, que, por otro lado, son las más habituales. Ahora una sentencia del Tribunal Supremo hecha pública este pasado mes de junio ha anulado esta decisión y ha restaurado el derecho a cotizar de los becarios. Posteriormente, una resolución del ministerio de Empleo publicada en el BOE ha reestablecido de nuevo el marco legal para dichas cotizaciones, obligatorias desde el 1 de julio. Además, ha instado a las empresas a que lo hagan con la mayor celeridad posible y ha establecido un plazo extraordinario hasta el próximo 30 de septiembre para que se regularice la situación de estos estudiantes-trabajadores.

A pesar de todo, quedan varios flecos por resolver. Para empezar la sentencia del Supremo que restauraba la obligación de cotizar por los becarios no ataca al verdadero problema de fondo. Simplemente dice que el gobierno en su día, y cuando anula en 2011 la obligación de cotizar siempre y cuando las prácticas estén vinculadas a la universidad, no sigue los cauces adecuados. Por otro lado, tampoco queda claro si los becarios podrán exigir la cotización de los periodos “trabajados” desde noviembre de 2011 a esta parte. Por ahora, la norma del ministerio simplemente obliga a darlos de alta a partir del 1 de julio. En caso de que las prácticas se hayan realizado en periodos anteriores a la publicación de la sentencia, la Tesorería General de la Seguridad Social simplemente ha recomendado esperar a las instrucciones que serán remitidas próximamente para aplicar correctamente el procedimiento de regularización y los periodos excepcionales de liquidación, si procede.

Por último, y a pesar de los beneficios lógicos de la medida, la orden no satisface plenamente a los becarios puesto que no les equipara en pleno derecho al resto de trabajadores. Se les incluye en el Régimen General de la Seguridad Social como trabajadores por cuenta ajena, pero a diferencia de estos, los becarios no cotizan por desempleo, y por tanto las prácticas laborales en empresas no les computan en el caso de quedarse en el paro. Tampoco cotizan al fondo de garantía salarial ni por formación profesional.

Y lo más peligroso, dicha obligación de cotizar sólo se aplica en el caso de prácticas remuneradas, es decir, aquellas en las que el alumno percibe cualquier cantidad de dinero o en especie por la realización de las mismas, y ya sea en una entidad pública o privada. Sin embargo, no se dice nada de los estudiantes que realizan prácticas sin cobrar absolutamente nada por ellas. Y se teme que la medida sólo sirva para fomentar este tipo de prácticas en detrimento de las remuneradas, convirtiendo el trabajo del becario en algo más precario todavía.

Imagen: Amandine Essai (Flickr – CC)