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Profesional afrontando una situación de ansiedad laboral

Profesional afrontando una situación de ansiedad laboral

Cuando el trabajo genera ansiedad laboral: ¿Cómo pedir ayuda?

La ansiedad laboral es una realidad cada vez más común. Plazos ajustados, cargas de trabajo excesivas, incertidumbre profesional, falta de reconocimiento o un mal clima laboral pueden generar un nivel de estrés que, con el tiempo, afecta tanto al rendimiento como a la salud mental. Sin embargo, aunque muchas personas la sufren, pocas se atreven a hablar de ello en el trabajo. Te ofrecemos algunos consejos prácticos y sencillos para que sepas cómo comunicar una situación de estrés o ansiedad en tu empresa, sin culpa y sin miedo.

La ansiedad laboral no es un problema individual

Uno de los primeros mitos que conviene romper es que la ansiedad laboral es solo «cosa de cada uno». No siempre tiene que ver con la capacidad personal o la actitud. En muchos casos, es una respuesta normal ante situaciones laborales exigentes o poco saludables.

Reconocer esto es clave para cambiar el enfoque: no se trata de «no poder con el trabajo», sino de identificar qué está pasando y buscar soluciones antes de que el problema vaya a más. Hablarlo a tiempo puede evitar bajas prolongadas, bloqueos emocionales o incluso la renuncia al empleo.

¿Por qué cuesta tanto pedir ayuda en el trabajo?

El entorno laboral todavía arrastra muchos tabúes relacionados con la salud mental, y por eso hablar de ansiedad laboral sigue siendo difícil para muchas personas. El miedo a perder el empleo, a no ser renovado o a quedar mal posicionado dentro de la empresa lleva a que muchos trabajadores opten por callar, incluso cuando el malestar empieza a afectar seriamente a su día a día. En otros casos, el temor está en que reconocer una situación de estrés o ansiedad pueda perjudicar futuras oportunidades profesionales o dañar la imagen de «persona competente» que se intenta proyectar.

Según el psicólogo Rafael Santandreu, uno de los principales errores es interpretar la ansiedad como un signo de debilidad personal, cuando en realidad es una respuesta normal ante situaciones de presión mantenida. Desde su enfoque, evitar el problema o reprimirlo no lo hace desaparecer, sino que suele intensificarlo con el tiempo, generando más bloqueo y sufrimiento.

Otro error muy común es compararse con los demás y pensar que el problema es individual, que «si otros pueden con esto, yo también debería poder». Este tipo de pensamientos aumenta la culpa y la autoexigencia, y hace que pedir ayuda se perciba como un fracaso. A todo ello se suma, en muchos entornos laborales, la falta de confianza en la empresa, ya sea por experiencias previas negativas o por una cultura organizativa poco abierta a hablar de bienestar emocional.

Sin embargo, como advierten muchos profesionales de la psicología, guardar silencio suele empeorar la ansiedad laboral. El malestar no desaparece por sí solo y, cuanto más tiempo se acumula, más difícil resulta gestionarlo y pedir ayuda cuando realmente se necesita. Hablar a tiempo no solo protege la salud mental, sino que puede ser el primer paso para encontrar soluciones y recuperar el equilibrio en el trabajo.

Elegir el momento y la persona adecuada

Antes de comunicar cómo te sientes, es importante pensar cuándo y con quién quieres compartirlo. No es necesario contarle todo a todo el mundo.

Prepararte mentalmente para la conversación te ayudará a sentirte más seguro y a transmitir el mensaje con claridad.

Cómo expresar la ansiedad laboral de forma profesional

No hace falta entrar en detalles íntimos ni usar términos clínicos si no te sientes cómodo. Lo importante es explicar cómo te afecta la situación laboral y qué necesitas para mejorar.

Algunos consejos útiles:

Ir a la conversación con una actitud abierta y proponer resultados también puede ayudar. No tienes que llevar la solución perfecta, pero sí algunas ideas que puedan ayudarte: reorganizar tareas o prioridades, ajustar plazos o carga de trabajo, flexibilidad horaria o teletrabajo parcial, apoyo puntual de otro compañero, acceso a programas de bienestar, apoyo psicológico… Mostrar disposición para colaborar transmite compromiso y profesionalidad, y ayuda a que la otra parte entienda que tu objetivo es mejorar, no quejarte.

¿Y si la respuesta no es la esperada?

No todas las empresas están igual de sensibilizadas con la ansiedad laboral. Si la reacción es fría, minimizadora o inexistente, es importante que no invalides lo que sientes.

En ese caso: valora buscar apoyo externo (psicólogo, orientador laboral), documenta la situación si el problema persiste, y reflexiona sobre si ese entorno es sostenible para tu salud a medio plazo. Tu bienestar no debería ser el precio a pagar por mantener un empleo. Dar el paso puede dar miedo, pero también puede ser el inicio de un cambio necesario.

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