Tos, contracturas, dolores de cabeza… La Asociación Nacional de Entidades Preventivas Acreditadas (ANEPA) afirma que la mitad de las bajas producidas durante el verano en las oficinas españolas se deben a los efectos del mal uso del aire acondicionado. Pero, ¿cuándo el mejor invento para el empleado que no se va de vacaciones se convierte en una máquina infernal? Los expertos hablan de un mínimo recomendado de 24 o 25 grados centígrados tanto por salud —la ropa de verano no permite soportar temperaturas inferiores a los 20 grados sin consecuencias— como por ahorro energético  —«La Guía Práctica del IDAE», advierte que por cada grado que se disminuye aumenta el gasto entre un 7% y un 8%—, pero no siempre se respeta con las lógicas consecuencias. A éstas, se le suma el crecimiento de la conflictividad laboral ante el que cada vez están más sensibilizados los responsables de recursos humanos.