Paco Muro 

Por Paco Muro, presidente de Otto Walter

Se ha parado el viento, estamos en un entorno en que el único empuje disponible para que el barco avance es el que seamos capaces de proporcionar por nosotros mismos. Hay que desempolvar los viejos remos del esfuerzo y sacrificio, el todos a una, y olvidarse ya de aquellos tiempos gloriosos en los que la brisa de la economía boyante empujaba nuestra nave simplemente desplegando las velas de nuestra oferta. La única cuestión entonces era colocarlas mejor o peor, para avanzar más o menos rápido, pero los buenos resultados estaban casi garantizados y había sitio para que todos acabaran en posiciones de rango, como marineros de primera, cabos, contramaestres, capitanes o cargos varios.

Hoy todo es diferente, y muchos aún no parecen captar de qué va esto ahora. Algunos descubren estupefactos para qué servían aquellos palos alargados que se guardaban en la bodega y aprenden, con sorpresa, que los bancos en paralelo bajo cubierta no eran un espacioso comedor para celebraciones, sino los puestos para los remeros. Hay que aprovechar lo poco que queda para reestructurarse y reconvertir los lujosos cruceros en humildes galeras. Es momento de vender las velas, inservibles ya para su función, y usar esos recursos para reforzar los remos. Si no “quemamos hoy las velas”, pronto lo que tendremos que quemar serán las naves, y eso sería el principio del fin, no el principio de la salida.

 Así que, a remar tocan. Y saldrán ampollas, y agujetas, y tardaremos algún tiempo en coordinarnos, porque hace mucho que no tocaba tirar del carro sin más energía que nuestras propias capacidades, pero pronto esas ampollas se convertirán en callos, las agujetas en músculo y el desorden en perfecto ritmo acompasado. Lo que hace falta ahora es un buen almirante, con arrestos y credibilidad, que sepa marcar un rumbo, un buen plan, y muchos remeros que arrimen el hombro. Y así, entre todos, sacaremos esto adelante y lograremos que sobrevivan nuestras empresas hasta futuros tiempos, en los que volveremos a navegar por nuevos mares ventosos. Ya procederá entonces equiparse con buen velamen, que se conseguirá, seguro, porque cuando sopla a favor siempre hay soluciones al alcance de la mano. Lo difícil es actuar con destreza en periodos de escasez, donde parece que todo se para, cuando, a menudo, lo verdaderamente cierto es que el que se queda parado es uno mismo.

Actuemos raudos, porque la salvación de la mayoría de las empresas en España pasa por tomar decisiones de inmediato, salvar cuantos puestos de trabajo sea posible, aún a costa de tener que sacrificar unos pocos, o parte de los salarios, o activos. Es compromiso de todos, sacrificio de todos y esfuerzo de todos. Lo prioritario ahora es que el barco siga a flote, porque sin empresa no hay empleos, y ahí deberían focalizarse todos los esfuerzos, lo demás son pamplinas de político insensato. Sabemos con qué únicos recursos contamos. Con los que nosotros, los que formamos las empresas seamos capaces de poner en juego en el escaso margen de actuación que aún nos queda. ¿Nos quedamos esperando a que vuelva el viento entre lamentos y quejidos, o nos ponemos a remar a tope de una vez sin rechistar, junto a la gente implicada, donde el único grito que se oiga sea: “¡Aquí estoy, decirme qué remo me toca!”?