La zona de confort es ese lugar donde sigues sentado, aunque tengas un martillo hidráulico atormentándote los oídos o la pata de la mesa aplastándote el dedo meñique del pie. El temor a salir de este sitio que conoces a la perfección es la posible caída al abismo: lo desconocido. A veces, preferimos resoplar sin fin a tomar una decisión que nos haga salir a explorar otros ámbitos. Pero, desde ahí mismo, reflexiona: ¿por qué te cuesta hasta los viernes ir a trabajar?

Estos son cinco síntomas que te alertarán sobre la necesidad de un cambio.

  1. No te sientes valorado. Tus aportaciones hace tiempo que caen en saco roto. Hace meses (¿años?) que nadie te felicita o reconoce tu trabajo. También hace tiempo que nadie te enfrenta a un reto laboral. Luchas por motivarte pero suena el eco. Puede ser que haya un conflicto de intereses con otras personas, rivalidad, envidias. Es el momento de preparar la salida.
  2. Hay un mal ambiente. Quizá todavía no pueda medirse la energía negativa y el mal ambiente, pero se nota en la piel. La falta de entendimiento con los responsables o la cultura de empresa choca de frente con tu forma de ver el trabajo. Adaptarse es difícil, y se genera una actitud muy negativa y crítica expresada en malos tonos y actitudes desafiantes. Los demás responden en el mismo sentido y el ambiente es irrespirable. A lo mejor el salario es bueno, pero es hora de dejar de ensuciarse el karma. Hay que salir de forma planificada de la empresa.
  3. Has tocado techo. Sientes que tienes muchas ganas de transformar cosas, introducir mejoras, aportar soluciones. pero encuentras muchas reticencias y obstáculos. Las empresas a veces no están dispuestas tampoco a salir de la zona de confort, y tu talento se merece una empresa que lo sepa apreciar y aprovechar. Hazte una hoja de ruta y explora.
  4. Cobras poco. Puede que no sea el principal motivo, pero claramente el sueldo condiciona nuestra vida y es muy lícito querer mejorarla. Has hecho una tentativa en el sector, conoces otras empresas por colegas de profesión, y sabes que tu salario está muy por debajo de lo que podrías estar cobrando por tu experiencia y conocimientos. Ya te has sentado a negociar, te han pedido que esperes pero se está demorando demasiado y quieres progresar. Empieza a mover el CV por tierra, mar y Google.
  5. Sueñas con dedicarte a otra cosa. Lo que parecía un trabajo provisional, para unos meses, se ha convertido en años y eres un experto. Has conseguido tener una experiencia muy amplia, pero no es lo tuyo. Estás cómodo porque se te da bien. Cobras lo suficiente pero no vibras. En cambio lo otro… Ojo, calibra bien los pasos que vas a dar y asegúrate de quedar bien con tu actual empresa. Nunca está de más dejar la puerta abierta.

Si consigues decirte que sí, que quieres cambiar de trabajo, ten en cuenta que debes hacerlo de forma planificada y desplegar estrategias también asertivas para comunicar tus decisiones. Piensa en profundidad sobre la nueva faceta, y valora qué grado de fantasía y cuánto de realidad supone el cambio. Y todo esto siempre respaldado por un buen momento personal.