El trabajo estructura la vida. Define los momentos de descanso, impone horarios de comida, del tiempo para disfrutar de la familia y amigos. No en vano pasamos al menos un tercio de la vida laboral trabajando. La falta de trabajo nos desestabiliza y si estamos mal en el entorno laboral esto afecta al ámbito más privado. Pero conviene recordar que hay mucho que está en nuestra mano para emprender las acciones necesarias para cambiar de trabajo y que reine la armonía en todos los aspectos de la vida.

Los síntomas de la insatisfacción laboral

Si sospechas que algo no va bien, sientes que no estás en tu sitio, tómate un tiempo para reflexionar y haz un análisis de la situación diferenciando si se trata de cansancio o épocas de estrés pasajeras. Si se llega a la conclusión de que hay una crisis profunda, ha llegado el momento de marcharse. Estos son cinco síntomas reveladores para cambiar:

  • Estar desmotivado, aburrido. Es la manifestación más elocuente. Soportar la monotonía que produce la ausencia de expectativas y retos puede desembocar en una actitud negativa hacia cualquier cambio o mejora. Poner el piloto automático desde que se ficha hasta que se sale por la puerta. Trabajar por inercia sin poner interés en lo que se hace. Si esto ocurre es necesario un cambio. El desarrollo de cualquier actividad debería hacernos sentir, al menos, útiles. En un contexto favorable, estimulante y de sana competencia se está más implicado y la creatividad fluye. Las tareas repetitivas, la falta de confianza en los demás y en uno mismo mata esa creatividad.

Siempre te faltan horas, no das a basto

  • Sobrecarga de trabajo. La falta de organización en las tareas de un departamento, de una empresa hará que los empleados más motivados e implicados se sobrecarguen de trabajo. Antes de tirar por la calle de en medio e irte sin más hay que tratar de ponerle solución. Exponer de forma clara cómo se siente uno y aportar soluciones para que haya un mejor reparto de tareas. Si finalmente no llega ese cambio lo mejor es que comiences a diseñar una salida planificada. Explica tus razones de forma clara e intenta un cambio dentro de la organización. Si lo que te encuentras delante es un muro de incomprensión es momento de buscar pastos más verdes.

  • Mal ambiente, conflictos, incompatibilidad con los jefes. Pueden ser varias las causas. Por ejemplo sentir rechazo ocupando tu puesto de trabajo porque la empresa lleva a cabo prácticas de dudosa legalidad. Entiendes que tus principios, tu forma de ver el mundo se da de bruces con el mal proceder de la empresa. Esto podrá soportarse durante un tiempo pero a la larga te empujará a irte. También puede ocurrir que sientas mucha hostilidad a tu alrededor y estás tenso, irritable, susceptible. Te sientes cuestionado y acosado. Hay un clima muy enrarecido con jefes y compañeros o subalternos. Empieza a mover tu CV y márchate. No valen tibiezas frente una posible situación de acoso laboral.

  • Remuneración escasa y malas condiciones de trabajo. Empezar ganando poco es lo normal en cualquier trabajo. Hay un recorrido lógico en la vida laboral en el que se van produciendo hitos en forma de subidas de salario. Pero los esfuerzos que haces en ese sentido, pidiendo aumentos o mejoras en las condiciones, conciliación, etc. caen en saco roto. Has sido paciente muchas veces pero cada vez se hace más cuesta arriba. Es momento de sacar a pasear el CV y ver si es competitivo o si tienes que hacer algún esfuerzo en formación. Quién sabe, quizás cuando digas que te vas tu empresa te hace una contraoferta para que no lo hagas. A veces hace falta adoptar una postura firme para hacer reaccionar a la otra parte.

  • Tienes ya muy definido tu proyecto personal. Solo te falta ese poquito de valentía. Prepara las cosas para marcharte pero deja siempre la puerta abierta. Valora si te encuentras en buen momento personal y estás dispuesto a asumir los retos, riesgos y desvelos que suponen comenzar tu propia aventura. Hazle una hoja de ruta a tu sueño y apuesta por tu proyecto.