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"SOS: no me quiero ir de vacaciones"

 

MikelCasal.Vacaciones

Nada más dejar las maletas en el apartamento de Lanzarote que había alquilado, Juan Fernández vio que su ‘blackberry’, que sólo había desconectado en el avión, echaba humo. Tenía varias llamadas de su empresa y cuando las devolvió para preguntar qué sucedía se encontró con una sorpresa poco agradable: debía hacer un trabajo que le llevaría un par de días. Maldita la gracia que le hizo el encargo, pero Juan —nombre bajo que el que prefiere ocultarse este profesional, que sigue en su empresa— iba preparado para el contratiempo: se había llevado el portátil.

Esta historia sucedió el verano pasado, pero otros tantos profesionales la reproducirán éste. Desde que las empresas reparten a discreción teléfonos móviles entre sus empleados, los límites de la jornada laboral tienden a desdibujarse. Las nuevas tecnologías, además de propiciar el teletrabajo, han conseguido que la conveniencia de estar localizado —que hasta hace unos años se restringía a ciertas profesiones, como los médicos o los periodistas, o a la alta dirección— se extienda a montones de puestos. “Hay que educar a las empresas, que tienen que saber cuándo pueden llamar e importunar a un trabajador en su tiempo libre, por muy cualificado que sea y por mucho que le pague”, sostiene Juan Manuel Romero, director de Adicciones Digitales, que enseña en las organizaciones cómo usar la tecnología para mejorar la gestión del tiempo.

Porque, sin normas que regulen su uso, muchas veces son los propios trabajadores los que marcan los límites. Éste es el consejo de Maite Finch, consultora de gestión del talento de Forintec, que, en vísperas de las vacaciones de verano, imparte el taller ‘¿Qué haces después del trabajo? Aprender a desconectar’. “Es muy importante aprovechar las vacaciones para descansar, porque luego se ven beneficiados el rendimiento, la capacidad de atención y hasta la creatividad. Pero si estás obligado a estar conectado, el tiempo de disponibilidad hay que delimitarlo; lo importante es planificar tanto el tiempo de ocio como el de deberes. Lo que más impide descansar es estar pendiente del móvil las 24 horas del día”, afirma Finch.

Algunos, sin embargo, no saben cortar y entran en una peligrosa dinámica propia de un adicto. “Hay gente que consulta la ‘blackberry’ más de 400 veces al día; en Estados Unidos llaman a esta adicción ‘crackberry’. Y si tienen Twitter y lo utilizan para su empresa, están todo el día mandando mensajes. Piensan que si no lo hacen en agosto, en septiembre el trabajo no va a salir. Tienen que estar pendientes de los correos, sentir ese cordón umbilical que les une a su empresa. Ahí se sienten seguros, pero no en casa”, destaca Romero.

Investigadores de la Universidad Jaume I de Castellón calculan que entre el 7% y el 12% de los trabajadores españoles son adictos al trabajo. Para ser catalogado así no basta con pasar largas jornadas frente al ordenador. “Sólo es adicta la persona que, además de trabajar muchas horas, lo hace de forma obsesiva; de tal modo que si algo le impide seguir trabajando se siente mal, es como si le faltara una droga. Ese malestar se manifiesta con inquietud, ansiedad, irritabilidad, y los efectos cada vez se hacen más severos. Mientras una persona normal se recupera después de un pico de actividad, ellos van a más, porque no tienen tiempo de recuperación”, explica Mario del Líbano, que, junto a otros colegas de la Jaume I, ha confirmado la validez de la escala DUWAS, que mide la adicción al trabajo, entre más de 1.500 españoles.

La muestra, de la que también se han extraído resultados por sectores, desvela que este tipo de trastorno es más frecuente en la universidad —que, con un 12% de incidencia, alcanza el nivel más alto— que, por ejemplo, en la administración pública, que presenta uno de los más bajos. Por puestos, los más ‘adictivos’ serían los de profesor universitario (con un 11% de adictos), arquitecto (9,5%), periodista (8,5%), ingeniero (8,2%) y profesional autónomo (6%). En general, se trata de personas con un buen nivel de instrucción. “El trabajo cualificado genera un disfrute, un placer que hace que el profesional dedique a él más y más tiempo, hasta que el equilibrio recomendable se olvida”, subraya Del Líbano.

Variedad de perfiles

La psiquiatra Rosa Sender, que acaba de publicar una edición revisada en formato digital de ‘El trabajo como adicción’, matiza que puede detectarse en perfiles tan poco afines como el de un político —”son adictos Jordi Pujol, que tiene 80 años y no para, y Fraga Iribarne”—, un científico y un pequeño empresario. “Lo que los une, fundamentalmente, es que se trata de individuos cuya satisfacción está puesta en el mundo laboral. ¿Qué quiere decir esto? Pues que se sienten mucho más en precario cuando tienen que hacer una vida social o familiar porque no encuentran motivaciones en ella. Tienen, además, pocos recursos, como una restricción de intereses”, aclara Sender.

La psiquiatra, sin embargo, se niega a relacionar, directamente, esa devoción desmedida con mayores problemas de salud —”si son individuos que todo lo hacen con satisfacción, suelen ser muy felices y su salud no es muy diferente a la del resto”—, sólo si va acompañada de otras actitudes y comportamientos se atreve a calificarla de patología. “De hecho, se habla específicamente de patrón ‘A’ de conducta cuando son sujetos adictos al trabajo, pero también hostiles e impacientes. Y eso sí que sienta mal al organismo”, asegura Sender.

Las primeras personas en las que se estudió los efectos de esta adicción en la salud fue en aquellas que habían sufrido un infarto. Pese al susto, tuvieron suerte, porque los japoneses crearon el término ‘karoshi’ para definir las muertes “por sobreesfuerzo en el trabajo” que son provocadas por un ataque cardiaco. Sender trató a pacientes que respondían a ese patrón ‘A’ de conducta y que, tras salir de la unidad de cuidados intensivos, le pedían ayuda para disminuir su nivel de hostilidad.

Este verano, además, la incertidumbre puede complicar aún más las cosas. Si usted se siente así, tenga en cuenta estas palabras de Maite Finch, y cuídese, que éste es su momento: “Nos merecemos un tiempo de descanso, porque la sociedad seguirá su camino. Lo más importante es disfrutar de las cosas pequeñas, y eso lo puede hacer todo el mundo”. 

¿Sospecha que es un ‘trabajólico’?

Cuestionario de adicción al trabajo DUWAS adaptado por investigadores de la Universidad Jaume I:

  • Parece que estoy en una carrera contrarreloj.
  • Continuamente salgo del trabajo después que mis compañeros.
  • Para mí, es importante trabajar duro, aunque no disfrute.
  • Generalmente, estoy ocupado, tengo muchos asuntos entre manos.
  • Una necesidad interna me lleva a trabajar duro.
  • Dedico más tiempo a trabajar que a estar con amigos, a practicar ‘hobbys’…
  • Me siento obligado a trabajar duro, incluso cuando no disfruto.
  • Hago dos o tres cosas a la vez, como comer y tomar notas mientras hablo por teléfono.
  • Me siento culpable cuando tengo un día libre.
  • Me resulta difícil relajarme cuando no trabajo.

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3 Comentarios

  • Rod | julio 14th, 2010 |

    Absurdo. No sólo tenemos horarios de esclavos, sino que nos llevamos trabajo para el fin de semana y las vacaciones?? Absurdo, absurdo, absurdo.

  • werwer | julio 18th, 2010 |

    y sueldos irrisorios….las empresas estan formadas por buenos trabajadores y penosos directivos que son los que se llevan la “pela” sin importarles la empresa a la que pertenecen…

  • Fernando | diciembre 6th, 2011 |

    lo peor de todo es que los acostumbras, y hasta cuando te dan incapacidad se enojan por tu “falta de compromiso”, mientras que a los que no hacen nada los apapachan…

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