La figura del emprendedor es un elemento clave en el desarrollo económico de un país, ya que además de generar su propia actividad laboral crea empleos para otros. Pero no todo el mundo está llamado a ser empresario. Por eso, es recomendable realizar un análisis de las características personales para descubrir si se está capacitado para emprender. En definitiva, se trata de ser honesto con uno mismo y saber si se tiene “lo que hace falta” para poner en marcha un negocio.

Se pueden dar muchas definiciones de empresario, pero todas llevan siempre a la misma realidad: una persona decidida que arriesga su dinero en una idea, que lucha por convertir en trabajo productivo sus deseos y sus sueños.

Por lo general, las personas que prefieren montar su propia empresa gozan de unas características comunes: estabilidad emocional, energía, tenacidad, carácter, habilidad negociadora, flexibilidad mental, capacidad de innovación y conocimientos profesionales. Si bien, la auténtica diferencia reside en su capacidad para ver “más allá” y encontrar nuevas soluciones a problemas o necesidades no satisfechas.

Si estás pensando en iniciar una aventura de este tipo, pero aún no has tomado una decisión, quizá pueda ayudarte en esta tarea el test online que te ofrece el Ministerio de Trabajo  para evaluar tu perfil emprendedor.

Aspectos clave

Confianza en uno mismo. Saber que se es capaz de llevar el proyecto adelante es uno de los factores más importantes para tener éxito.

Capacidad de adaptación. Implica tener la suficiente flexibilidad como para poder adaptarse a los imprevistos, sean del tipo que sean: de producción, económicos, de recursos humanos, etc. Es decir, aportar soluciones a los problemas y tomar decisiones razonadas y con frialdad.

Motivación. Hay que buscar las motivaciones reales que mueven a crear un negocio o a trabajar por cuenta propia. Las motivaciones pueden ser de tipo económico, bien porque se quiere ganar más o porque es la única forma de obtener unos ingresos; de búsqueda de satisfacción personal: probarse uno mismo para demostrarse que es capaz de realizar un determinado tipo de proyectos; invertir un capital que se tiene parado; dar trabajo y crear empleo; no depender de los errores o aciertos de otros, sino de la propia capacidad de uno mismo, etc. Las motivaciones son muchas y muy variadas, pero siempre hay que tener una motivación que nos impulse.

Conocimientos profesionales. Es el factor más importante, ya que sin él es imposible poder ofrecer calidad al cliente y, consecuentemente, estabilizarse laboralmente.

Conocimiento del sector. Es difícil tener éxito si no se conoce el mercado en el que vamos a desarrollar nuestro trabajo, si no se conoce a los clientes, a los proveedores o a la competencia. Lo más recomendable es que este conocimiento no sea sólo teórico, sino que se tenga experiencia en ese sector por haber trabajado en alguna empresa afín. Si la empresa va a tener empleados, es fundamental la formación de un equipo de trabajo con conocimientos del sector, con buena formación teórica y práctica, motivación, ganas de trabajar y que confíen en el negocio.

Constancia. No hay que desanimarse por nada. Hay que luchar por conseguir los objetivos, hay que ser tenaces y entusiasmarse con los proyectos e ideas que se aborden.

Apoyo familiar. Es muy difícil tener éxito en la creación de un proyecto de autoempleo si no se tiene el apoyo, el ánimo, la confianza y la colaboración de las personas más cercanas, bien sean familiares o amigos.

Capacidad para asumir riesgos. Autoemplearse implica que hay que realizar una inversión, pequeña o grande, dependiendo del tipo de negocio, que puede salir bien o no.

Capacidad de organización. Es necesario saber organizarse bien, para poder asumir el trabajo en los periodos de exceso de trabajo y para no desesperarse y tener fondos para subsistir en los momentos en los que haya poco trabajo.