A nadie escapa ya que las tareas con las que se ganan el sustento millones de trabajadores en el mundo las harán las máquinas en un futuro demasiado cercano. Hay previsiones que auguran que en el año 2055 la mitad de las actividades laborales estarán ejecutadas por las máquinas. Es el proceso de automatización del trabajo en detrimento del trabajo manual.

Desfase de conocimientos: las máquinas avanzan

Que las tareas tediosas, físicamente exigentes, repetitivas y que entrañen peligro las realicen máquinas puede suponer, en principio, una liberación. Esto sería una buena noticia si no fuera porque llega demasiado pronto. La velocidad a la que se está produciendo la automatización, proceso en génesis de la Cuarta Revolución Industrial, implica que las competencias y conocimientos que acumulan los empleados estén quedando obsoletos demasiado rápido. Los expertos en recursos humanos afirman que es necesario que se implanten métodos de reconversión y actualización de conocimientos en las empresas para afrontar la digitalización de estas y que sean competitivas dentro del mercado laboral del futuro.

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La hostelería, un paraíso de autómatas

No todos los sectores sufrirán esta transformación al mismo tiempo. Por la propia dinámica de sus métodos unas actividades están potencialmente más expuestas a la automatización que otras. La minería (63% de potencial de automatización) y la construcción (con un 49%) serán las actividades que prescindan de mano de obra humana más rápidamente. Pero la hostelería supera de largo a estas dos actividades. Su potencial de automatización es del 75%. Esto indica que este sector productivo integra muchas tareas mecánicas y predecibles, monótonas, rutinarias por lo que serán más rápidamente sustituidas por máquinas. Tales datos pertenecen a un informe de la consultora McKinsey Global Institute, que ha analizado qué sectores se verán afectados antes por la incorporación integral de los robots.

El mismo informe indica que uno de los sectores cuyas tareas son menos mecánicas es el de la educación. Calculan que tan solo el 31% de las tareas que se realizan son automatizables.

Pero también se distinguen diferentes niveles de automatización dentro del mismo sector. Unas funciones serán más fácilmente sustituibles por máquinas que otras. Las actividades físicas mecanizadas, tipo las que se realizan en las cadenas de montaje, tienen un potencial de automatización del 78%. En cambio las que también implican el físico pero que no son tan predecibles llegan solo al 25%. Tener por jefe a un robot será lo que más tarde en llegar. La toma de decisiones en las tareas de dirección y coordinación de equipos tiene componentes difícilmente mecanizables.

La renta básica sustituta de las rentas del trabajo

La automatización ya está suponiendo la escasez del trabajo y el aumento de la precariedad a nivel planetario. Se plantea entonces el desafío de la distribución de la riqueza en el futuro próximo donde las ganancias por el trabajo serán mínimas. Durante el Foro Económico de Davos se han escuchado propuestas que quieren avanzar hacia un “capitalismo ético”. Se pretende minimizar  los efectos del descontento (Brexit, Trump) de los colectivos más perjudicados por las consecuencias que la globalización ha tenido en el mercado de trabajo. En este inusual contexto ha hecho aparición singular el debate sobre renta mínima o renta básica. La idea es otorgar un soporte económico o colchón que garantice un mínimo, a todos o a los más necesitados, para disfrutar de una calidad de vida aceptable.

Lugares como Finlandia o Sillicon Valley han emprendido experiencias de renta básica universal para ensayar el impacto entre sus conciudadanos. También en España tanto Podemos como el PSOE plantean instalar iniciativas similares que aseguren una vida digna a todos los ciudadanos en un escenario de profunda transformación del empleo.