Cuando a finales de 2007 comenzaban los primeros síntomas de la entonces llamada ‘desaceleración económica’ había en España un 1.400.000 empresas. Hoy, cinco años después y unos cuantos nombres más como Gran Recesión, crisis ‘Subprime’, crisis del Euro o Doble Recesión, un 16% de las mismas ha ido dándose de baja en la Seguridad Social según los últimos datos del Ministerio de Empleo. Pero en medio de este panorama desolador hay algunas pymes y sectores que han logrado mantenerse e incluso crecer.

Entre ellas esta Gowex, una compañía cuya principal área de negocio son los servicios de conexión inalámbricos a Internet -WiFi- para ciudades y empresas y que en 2008 decidió entrar, frente a todos los agoreros, a cotizar en la Bolsa para pymes de Francia, y que dos años después repetiría jugada en su equivalente español, el Mercado Alternativo Bursátil (MAB).

En este índice, Gowex ha logrado alegrar muchas veces el día a los inversores revalorizando sus títulos un 228% desde su estreno a 3,5 euros la acción. Por el camino han pasado de sus 20 empleados y 10 ciudades con sus servicios a 80 trabajadores y 65 ciudades, firmando contratos con localidades y empresas de Francia, Irlanda, Dubai, Latinoamérica y Asia, además de contar con oficinas en España, Francia y Argentina y haber ampliado su capital en 18 millones de euros el pasado 21 de diciembre. Una testigo de excepción de todo este proceso es Tania Roel, actual directora de marketing y operaciones de Gowex en España y que entró hace ocho años como becaria.

“Lo más importante para Gowex es meternos en una ciudad”, explica Roel con su plural mayestático desde las oficinas de Madrid. Poniendo como ejemplo la capital de España, Roel cuenta que primero entraron “en los quioscos de prensa”, donde se puede ver su logo con un dedo tipo Me Gusta de Facebook pero en tres de dimensiones, para luego pasar a “los transportes, tanto los 1.200 autobuses municipales como los turísticos y los interurbanos”, y alcanzar al final puntos concretos de la ciudad como “la Plaza Mayor” y entidades privadas del tipo Café & Té y Pans & Company. Todos este rango de clientes de Gowex resulta transparente para el usuario, que con una sola clave puede acceder a todos los puntos WiFi de la red, incluso a aquellos que están en otras ciudades como por ejemplo los del metro de París.

“Nuestros puntos fuertes”, continúa Roel, “es que creamos ciudades WiFi sostenibles no quedándonos solo en la ingeniería, sino que creamos y gestionamos un modelo de negocio alrededor la misma”. Con una de sus fuentes de ingresos en los propios ayuntamientos y empresas que contratan sus servicios, las otras tres patas de sus beneficios son la publicidad, Gowex Media, como la página de entrada en los servicios WiFi que ponen en las ciudades, que sirve como escaparate publicitario; los acuerdos itinerancia, más conocidos como ‘roaming’-que un usuario de Gowex pueda usar sus claves con otra compañía-, con otras empresas de ciudades WiFi como DeutschTelecom; y la aplicación para teléfonos inteligentes Gowex WiFi Free, que aunque en un principio estaba creada para validar automáticamente un usuario en las redes de Gowex ahora les sirve como otro canal de publicidad que permite personalizar terriblemente la oferta al detectar tanto el tipo de usuario como los negocios que tiene cerca.

Cuando se le piden consejos para que otras empresas puedan seguir su camino Roel manda dos recados claros: “Si eres una compañía española sal fuera del país y, además, confía mucho en tu proyecto”, para a renglón seguido aclarar que siguen siendo “una pyme” y no quieren “crecer desmesuradamente”. “Hay que ir haciendo las cosas bien para que no se nos vaya de las manos”, concluye, “y lo importante es hacerlo de forma organizada ya que estamos pasando de empresa pequeña y nacional a una compañía internacional”. Una compañía que, como otros éxitos, nació en plena crisis, y con solo con lo que ingresó hasta el tercer mes del año 2012, 69 millones de euros, ya superaba su cifra de 2011. Y todo en medio de un temporal que dura cinco años y lleva ya no sé cuantos nombres. Desde luego es para darse por lo menos una palmadita en la espalda.