Que levante la mano quien sepa la tasa de desempleo juvenil de España. Efectivamente, un 52%, según Eurostat. En este indicador (que mide el porcentual de personas entre 15 y 24 años que no tiene trabajo, está disponible para empezar a trabajar en las próximas dos semanas o ha buscado activamente trabajo en las últimas cuatro semanas o encontrado ya uno pero que empieza en tres meses) solo Grecia con un 55% supera a nuestro país. Y justo al otro lado del espejo está Alemania, que con su 8,1% es la más baja de la Unión Europea. Y mucho tiene que ver con su sistema de formación dual.

Más de un millón y medio de alumnos cursan alguna de las 348 posibles ocupaciones del sistema dual y sus tres años de duración media. Esta modalidad de Formación Profesional se caracteriza porque los alumnos combinan los tres cuartos de su formación en una empresa con el resto en materias escolares. Cerca del 50% de los chavales germanos que estudian Formación Profesional escogen esta modalidad, dejando el resto del porcentual dividido entre una estructura similar a la española y varios programas de reenganche para alumnos con dificultades. Y una parte muy importante de su atractivo está en que de los aprendices/alumnos que acceden así a grandes empresas, una gran parte se queda después de la formación y reciben una remuneración durante sus estudios.

Ésta va desde unos 550 hasta unos 900 euros, según el curso, el año y la zona donde esté el aprendiz. Así, la media, que en la parte occidental del país está en 688 euros, en la oriental baja hasta 554. Los alumnos además son dados de alta en la Seguridad Social, tienen un seguro de desempleo y cotizan de cara a una posible jubilación. La parte del león de estos gastos es abonada por la propia empresa que, por supuesto, puede deducirlos fiscalmente. Estas empresas se benefician del prestigio social que supone en Alemania formar aprendices, además de que pueden moldear a su antojo a un futuro trabajador para un puesto terriblemente específico, que, encima, al haber sido formado en la propia compañía, se sentirá muy identificado con sus empleadores.

Las relaciones laborales empresa-aprendiz se rigen por contratos registrados en las cámaras de comercio. Esto hace que las empresas se lo piensen bastante antes de coger a una persona a su cargo, realizando para cada puesto una selección de personal que recuerda más a una entrevista de trabajo que al acceso a una escuela. También las tareas que realizan en las propias empresas son más profesionalizadas que en un instituto de FP al uso. Por ejemplo, un aprendiz de diseño gráfico hará una parte de un trabajo real para el mundo real, mientras que un alumno tendría que inventarse tanto el proyecto como la compañía.

Pero en esta similitud está tanto la fuerza como la debilidad de este sistema. Mientras el ciclo económico es bueno, hay plazas de sobra, pero cuando las cosas se ponen más feas el descenso es espectacular. Así, cuando la crisis de los 80 se junto en Alemania con las consecuencias económicas de la caída del Muro de Berlín en el 89 con la posterior asimilación de la República Democrática Alemana dentro de la
República Federal, el número de contratos de aprendizaje cayó desde los 1.800.000 de 1985 hasta los 1.180.000 de 1996, sin que haya llegado a recuperarse del todo.

En los círculos académicos se distingue entre la FP laboral (o dual) y la FP escolar. Mientras que la primera entronca con los gremios medievales, la segunda es una conquista de la segunda mitad del siglo XX. Los defensores de la primera dicen que forma para un trabajo real, los de la segunda que además lo hace para la vida, ampliando los horizontes de los alumnos ya que, en el caso de un panadero, sabrá además de poner la levadura el principio químico por el que funciona.

España ha escogido tratar cambiar el modelo. Habrá que ver si lo consigue.