Leo Abadía Junior decidió un día en 1987 comenzar una escuela bastante peculiar. Un programa individualizado para estudiantes con un alto poder adquisitivo. Jóvenes brillantes pero que en algunos casos habían dejado de estudiar y en otras ocasiones ni siquiera habían visto la necesidad de comenzar. A pesar de la aparente diferencia de perfil con otros estudiantes, Abadía señala que las lecciones de estos jóvenes millonarios pueden aplicarse al resto.

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“Mis alumnos son gente absolutamente normal, lo único que les diferencia es la motivación”, se muestra rotundo Leo Abadía al hablar sobre sus pupilos.  Una afirmación que choca cuando se conoce el tipo de alumnos que pasan por las clases de Abadía.  Sin embargo, a pesar de estos están acostumbrados a ir a clase en coche de lujo o viajar en avión privado,  señala que el problema en muchos casos son las expectativas que se generan alrededor de estos jóvenes.
Abadía explica  que quienes acuden a sus clases son jóvenes brillantes, pero que no han sabido encontrar su lugar o nadie ha conseguido motivarles. El director lo  cuenta de forma sencilla con un ejemplo en el que asegura que Pepito es hijo de Don José, y todo el mundo espera que Pepito sea como Don José. Como Pepito es un chico brillante, estudia una carrera brillante, añade.

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Abadía prosigue con la historia. Una vez que ha terminado de estudiar, vuelve a casa y como tiene ‘pasta’ se va a estudiar un máster a Harvard o a cualquier otra universidad importante. Entonces,  cuando termina el máster, empieza a trabajar en la empresa. Una vez que comienza a trabajar en la empresa el problema se agrava ya que, asegura Abadía, nadie sabe dónde colocarlo porque entre que no tiene motivación y es el hijo del jefe y futuro heredero los de recursos humanos no saben dónde ubicarlo y nadie le aprieta.  “Al final, cuando todo falla, me llaman”, termina.

Desde que comenzó con este proyecto por sus manos han pasado 209 alumnos, con un programa individualizado de clases. A pesar de que los cursos están perfilados para cada estudiante, Abadía señala que es posible extrapolar las enseñanzas a personas en una situación menos destacada. “Se puede extrapolar todo; hay que buscar resortes que pongan a uno en marcha”, apunta. El objetivo en muchas ocasiones es que los alumnos aprendan a tomar decisiones y que encuentren su propio camino en la empresa.

Imagen de portada: Archi M con licencia CC

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