Hará cosa de 10 años, a nadie le importaba un duro los llamados rankings universitarios. Pero con la irrupción del Internet masivo y como atestigua la prensa, cada vez que sale uno de los oráculos en esta materia, como la calificación realizada por la universidad de Shanghái y el de la publicación especializada Times Higher Educaction, las voces de alarma se multiplican: las universidades europeas no están entre las mejores. Estas posiciones las ocupan desde el principio los centros del mundo anglosajón. Con numerosos docentes y especialistas clamando que estos rankings se fijan demasiado en la calidad investigadora y descuidan otros aspectos, la comisaria europea de Educación Superior y Cultura, la chipriota Androulla Vassiliou, ha tomado nota y este febrero presentó el proyecto U-MultiRank.

La política lo definió en su pistoletazo de salida en Bruselas como “un sistema moderno y sofisticado que capture plenamente la diversidad de la Educación Superior”. “Los rankings existentes todavía tienden a poner mucho peso en la reputación investigadora, por lo que nuestro ranking multidimensional será una guía más precisa y facilitará la comparativa entre la calidad de las universidades, ayudando a los estudiantes a tomar la decisión correcta sobre sus estudios”.

Para cumplir con este loable pero difícil objetivo, el U-MultiRank usará cinco baremos: la reputación de la investigación, nada nuevo bajo el sol; el éxito en la transferencia del conocimiento, es decir, asociaciones con empresas para el uso de dichos saberes; la internacionalización; la calidad de la enseñanza y cómo ayuda al desarrollo de la región donde está situada la universidad. Las primeras estimaciones son que unos 500 campus, principalmente europeos, se apunten al asunto y que la primera edición se publique en 2014.

Las voces en contra y a favor del proyecto no se han hecho esperar. Kurt Deketelaere, secretario general de la Liga Europea de Universidades de Investigación (Leru, en sus siglas en inglés), ha criticado el elevado coste de proyecto, estimado en dos millones de euros, como “un uso injustificable del dinero de los contribuyentes y, peor, una amenaza mayor a nuestro sano sistema de educación superior”, asegurando que su organización desconfía de los posibles indicadores de calidad que vaya a escoger el futuro sistema.

Al otro lado se encuentran opiniones como la del Centro para la Educación Superior, un ‘think-tank’ de corte universitario, que en un texto encabezado con un “¡La transparencia es necesaria!”, asegura que arrojará luz sobre el sistema universitario internacional. Por su parte, el equipo del propio proyecto ha contestado al Leru, asegurando que, aunque usarán los datos existentes, “quiere ayudar a los centros de educación superior a mostrar sus fuerzas y perfiles específicos, y ese tipo de datos no está en las bases de datos centralizadas”, para a renglón seguido invitar al Leru, que ya contribuyó al estudio de 2010-2011 por el que nació la idea del U-MultiRank, a mandar sus comentarios. Con un poco de suerte tenemos culebrón hasta 2014.