Se os ha ocurrido una idea de negocio brillante y tenéis claro que hay demanda de vuestro producto. Sois pocos, pero muy implicados. Lo vuestro es la tecnología y la innovación, pero ni idea de papeleo. Os damos una pequeña guía para ayudaros a entender los trámites burocráticos por los que vais a tener que pasar.

Este sencillo itinerario os echará una mano a la hora de repasar los trámites más comunes, pero cada caso es un mundo. Una vez entréis en el tema, puede que os interese contratar un asesoramiento dirigido a vuestro sector y situación particular para no descuidar ni un solo detalle.

  1. La forma jurídica: ¿qué somos?

Para iniciar una actividad hay que ver bajo qué forma jurídica hacerlo. Las más comunes son autónomos, sociedad civil y sociedad mercantil (entre las que se encuentran la sociedad limitada, sociedad laboral y sociedad anónima).

Tenéis que tener en cuenta si la responsabilidad que tendréis frente a proveedores, acreedores, etc., estará separada de vuestro patrimonio personal y ligada al patrimonio de la empresa (en las sociedades de capital) o bien es ilimitada y respondéis con vuestro patrimonio personal (es el caso de autónomos y sociedades civiles).

Hay multitud de opciones y, para terminar de decidiros por una, debéis preguntaros con qué capital inicial contáis, si necesitáis préstamos o inversiones y el volumen de beneficios anual que prevéis tener.

  1. La plantilla: ¿cómo nos organizamos?

La estructura de una start-up es muy ágil y flexible: desde una sola persona hasta dos o tres socios que hacen todo el trabajo o que lo subcontratan en parte. Si hay personal contratado, no siempre cumple una jornada laboral completa.

En primer lugar, tanto trabajadores como empresarios deben inscribirse en la Tesorería General de la Seguridad Social (TGSS), ya sea en el Régimen de Autónomos o en el Régimen General.

Si tenéis capacidad de contratar, hay que comunicar el tipo de contrato de cada trabajador en el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE). Podéis hacerlo incluso desde Sede Electrónica.

  1. Los registros: ¿dónde tenemos que aparecer?

En primer lugar, hay que ver si existe alguna empresa con el nombre que queréis dar a vuestra start-up. Este trámite no es obligatorio en todos los casos, dependerá de la forma jurídica que adoptéis. Tenéis que solicitar el certificado de denominación social en el Registro Mercantil Central.

Después debéis daros de alta en el Censo de Empresarios, Profesionales y Retenedores, lo que también se conoce como darse de alta en el IAE (Impuesto sobre Actividades Económicas) o declaración censal. Según sus características, la empresa puede verse obligada a pagar el impuesto de actividades económicas.

En el caso de que la empresa seas solo tú, como autónomo ya dispones de un número de identificación fiscal (NIF), el de persona física. En Hacienda, os darán un NIF de empresa si sois sociedad civil o comunidad de bienes, no es necesario hacer un registro mercantil, pero tendréis que presentar un contrato de constitución de la sociedad. Y si sois otro tipo de sociedad, os darán el código de identificación fiscal (CIF). Como el NIF, es el carné de identidad de la empresa y se requiere para casi cualquier trámite.

También hay que inscribirse en el Registro Mercantil. Este trámite será voluntario u obligatorio según sea vuestra forma jurídica. En el caso de ser una sociedad, se os pedirán los estatutos y la escritura de constitución.

Si vais a contratar trabajadores, tenéis que inscribir la empresa en la Tesorería General de la Seguridad Social para que os asigne el número o cuenta de cotización, también llamado número de patronal.

Y si os habéis constituido como sociedad de capital, tendréis que tramitar un número de cuenta de la empresa donde se ingresará el capital mínimo inicial que hayáis tenido que aportar.

Por último, si lo que lleváis a cabo es una actividad industrial, tendréis que notificarlo en el registro industrial de vuestra comunidad autónoma.

  1. El espacio: ¿dónde nos metemos?

Hay que hacer la comunicación de apertura de centro de trabajo a la Dirección Provincial de Trabajo o al servicio correspondiente de cada comunidad autónoma.

La mayoría de locales y oficinas necesitan solicitar una licencia de apertura. Informaros bien en el ayuntamiento que os corresponda sobre si se requiere este trámite para iniciar vuestra actividad. En caso de que tengáis intención de hacer obras, deberéis notificarlo y solicitar la licencia de obras al mismo ayuntamiento.

  1. Comienza la aventura

El papeleo no termina aquí. Esto solo es el principio. Cuando iniciéis la actividad tendréis que declarar el IVA y tributar, bien mediante el impuesto sobre la renta de las personas físicas (IRPF), bien mediante el impuesto de sociedades, según os corresponda en función de la forma jurídica que hayáis adoptado.

Con esta guía no hemos pretendido recoger todos y cada uno de los trámites que debéis llevar a cabo, pues depende mucho de la forma jurídica que hayáis buscado para constituiros. Sin embargo, esperamos que os sirva de apoyo y que localicéis cada paso en su contexto sin que os echen a temblar la piernas.