“Se busca familia con hijos para regentar el albergue municipal. Se ofrece alquiler económico de vivienda y puesto de trabajo en lugar tranquilo”. Un anuncio similar a este fue el que llevó a colapsar la bandeja de entrada del Ayuntamiento de el Prat de Comte, en Tarragona, con un montón de solicitudes a principios de este año. Como en muchos pueblos de España, la marcha de las personas más jóvenes que los habitan hace que las dotaciones de servicios públicos se vayan mermando.

Escuelas y centros de salud van echando el cierre tras argumentarse desde las instituciones que no son viables. Para parar esta sangría, vecinos y ayuntamientos junto con asociaciones rurales idean ganchos con el fin de atraer a nuevos vecinos. Ponen muchos de sus recursos a disposición de aquel que venga con ganas de aprovecharlos luchando contra viento y marea para llenar sus pueblos de nuevos vecinos y frenar el éxodo rural.

La historia de Teresa y Mario

Hay miles de historias. Teresa y su marido estaban a punto de irse a una gran ciudad a buscarse la vida, y algunos vecinos la animaron a que montarse una empresa de limpieza. Tras unos meses de adaptación que no fueron sencillos, Teresa ha conseguido tener de cliente al ayuntamiento del pueblo en el que vive y varios de la zona, además de centros de salud y otros edificios. Aparte de procurarse su propio sustento está pudiendo emplear a otras personas.

O está la historia de Mario, que regresó al pueblo para hacerse apicultor que “es la ganadería más barata”, una actividad a la que se había dedicado su abuela. Y que ha creado una pequeña empresa de productos relacionados con la miel con la que puede salir adelante y disfrutar de una vida sencilla, donde tiene la oportunidad de sentir la cercanía de la tierra.

Volver al terruño

Aunque aterrizar en un pueblo no es cosa fácil. El proyecto Abraza la tierra se ocupa de facilitar la transición de nuevos vecinos que llegan al ámbito rural. Han dibujado el perfil que debe tener el emprendedor/a rural. Debe ser una persona dispuesta a buscarse la vida y no esperar a que le den todo hecho. Ilusionado/a y convencido/a y con gran capacidad de trabajo y de riesgo.

En los pueblos hay menos recursos y las iniciativas capaces de dinamizar la vida económica del pueblo o prestar algún servicio necesario para la comunidad son muy bien recibidas. Participar en la vida del municipio y sus actividades e integrarse con los vecinos son las cualidades más destacadas del buen emprendedor rural.

Hay iniciativas de todo tipo. La clave está en saber detectar una necesidad y trabajar para adaptarla a las condiciones que nos encontramos. A veces se cuenta con ayudas y otras tenemos que partir de nuestros propios recursos (una casa, un terreno, una profesión transportable). Desde el turismo rural a la elaboración de alimentos artesanales y la agricultura ecológica. Empresas de ocio que fomentan los deportes en la naturaleza. Empleos que se ocupan de la conservación del medio ambiente, la construcción o el mantenimiento de edificios rurales. De los servicios de atención a personas mayores al soporte informático de esta misma población.

Proyectos que tienen como fin sensibilizar sobre de la vida en el campo para gente de la ciudad. Y trabajar desde casa online mirando al campo, claro. Si queréis ver cómo pueden combinarse agricultura, la conservación/recuperación y la tecnología echadle un vistazo a esta iniciativa: Apadrina un olivo.

Vivir y desarrollar tu actividad profesional en un pueblo puede conllevar algunas dificultades, como la de tener una buena infraestructura de las comunicaciones, buena conexión a Internet o la adaptación al ritmo de vida en un pueblo pequeño. Te puede llevar más o menos tiempo superarlas, pero las ventajas también son muchas, la posibilidad de dedicarle tiempo a las relaciones personales, alejarte del estrés y la de reinventarte poniendo a prueba otras habilidades que jamás imaginaste que tendrías.