Uno de los aspectos de los que hacemos más ostentación es la capacidad que tenemos para tomar decisiones. Esta, no es exclusiva de nuestra especie. Todos los animales se ven obligados a tomar decisiones para su supervivencia. ¿Cual es el momento adecuado para saltar sobre una presa?, ¿En qué momento emigrar a otros lugares en busca de alimento?, ¿Establecer alianzas estratégicas con quien lidera el grupo o enfrentarse?. Hay infinidad de situaciones que nos obligan a las diferentes especies animales (y nosotros somos una) a decidir entre varias opciones. Lo que nos diferencia es el enorme desarrollo cerebral que nos ha dotado de capacidades que multiplican las posibilidades de elección y evaluación de las consecuencias.

Aprender a tomar buenas decisiones

Diariamente nos vemos obligados a tomar miles de decisiones. La mayoría son inconscientes (y aún así superefectivas, tal vez otro día hablemos sobre si ser más conscientes nos ayuda o no a ser más eficaces). Pero; ¿Cómo puedo aprender a tomar buenas decisiones? ¿Alguien me puede enseñar a tomar buenas decisiones? ¿Realmente eso se aprende…?. En mi opinión mi respuesta se inclina por el no. Se pueden enseñar ciertas técnicas que ayuden a definir los problemas y valorar las consecuencias. La experiencia también ayudará en aquellas decisiones que sean más o menos repetitivas. Pero al final, ante un mismo problema una persona puede optar por una alternativa (y ser buena) y otra persona por la contraria (y también ser buena). En definitiva es cada cual desde su esfera más personal y privada, quien valorará si esa decisión la lleva a donde quería.

Decisiones sobre empleo, críticas

Gran parte de mi trabajo es ayudar a las personas a tomar decisiones en relación al empleo. En algunos casos lo que piden, directa o indirectamente, es que les liberes de tomar una decisión y les des la solución. No puedo hacerlo sencillamente porque no se cuál es la solución óptima para esa persona. Si analizamos la escala de situaciones estresantes de Holmes y Rahe, vemos que entre los 25 primeros puestos, 5 se refieren al empleo (8ª Despido, 9ª Paro, 18ª Cambio de situación económica, 20ª Cambio de trabajo, 23ª Cambio de responsabilidades en el trabajo). Por ello las decisiones en el ámbito laboral pueden clasificarse como críticas. Además vivimos en un entorno inestable, en donde no hay nada sólido en lo que basarnos. Todo cambia constantemente y a un ritmo que no somos capaces de seguir ni de prever. Zygmunt Bauman (sociólogo) lo bautizó como Modernidad Líquida y otros hablan de entornos VUCA (Volatilidad, Incertidumbre, Complejidad y Ambigüedad). En este entorno realizar previsiones, es realmente difícil, y no hablemos de previsiones a medio – largo plazo.

El marco habitual en el que desarrollan las decisiones sobre empleo es el siguiente:

  • Son decisiones críticas (el empleo tiene un impacto fundamental en la vida).
  • Esa decisión tengo que tomarla en un entorno inestable y difícil de prever.
  • No dispongo de experiencias anteriores, o muy pocas, en relación a este tipo de situación (Por ejemplo: ¿Cuántas veces vas a verte obligado a optar por una u otra carrera universitaria?, ¿Cuantas veces se me presenta en la vida la opción real y voluntaria de cambiar de empleo / empresa?)

Por lo tanto no nos debe extrañar ni acomplejar que decisiones de empleo nos afecten psicológicamente y eso se vea reflejado en nuestro comportamiento, salud,  relaciones con familia y entorno social.

¿Y cómo se apuesta por una opción u otra?

Con frecuencia esto nos lleva a lo más fácil, que es sencillamente no tomar ninguna decisión y “dejar que la vida siga su curso”. No es casualidad, es la tendencia natural a evitar el riesgo y la que nos ha permitido sobrevivir con gran éxito, millones de años. Es la alternativa con la que nuestro cerebro se siente más cómodo (el no decidir). Aun así, no deja de ser una actitud pasiva ante la vida, pero a mucha gente le va bien así y están donde “quieren” estar. Por el contrario, esa actitud lleva a dejar  escapar muchas posibilidades. Cuántas veces oímos eso de: “Mira que suerte ha tenido ese”, sin reparar en los esfuerzos y decisiones a las que se ha tenido que enfrentar y actuar. El azar (“suerte”) sin duda existe, pero si somos capaces de tomar decisiones, provocaremos que nuestras probabilidades de mejora aumenten notablemente.