Imagina la escena. Te levantas, te pones un café, te sientas delante del ordenador, lo enciendes y empiezas a contestar correos. No, no es un fin de semana. Es un día de trabajo y, de hecho, estás trabajando. Una de dos, o eres autónomo o teletrabajas ¿Te gusta lo que imaginas? Cuidado, no todo son ventajas. Si te fijas, en la secuencia descrita no se incluye el “te quitas el pijama” o el “te pegas una ducha”. ¿Es acaso la gente que trabaja de casa una cochina? No, no lo es. Pero uno de los peligros que tiene trabajar desde casa es, en muchos casos, el perder ciertas rutinas de vida cotidiana que nos convierten en seres sociales.

Pero trabajar desde casa tiene innumerables ventajas, claro. Para empezar, muchas veces tienes tus propios horarios. Si te cunde más trabajar de noche y no madrugar, puedes hacerlo. Si prefieres trabajar por la tarde y dedicarte las mañanas, a ti o a tu familia, puedes hacerlo. Mientras hagas tus entregas a tiempo y puedas asumir tus responsabilidades, ningún problema.

Claro, eso a su vez es un problema. Ante la indudable tentación de trabajar a tu marcha, ¿quién te salva de largas noches de insomnio y largos días de cama? ¿Quién te protege de no cambiar los horarios?

Riesgo asumible, dirás. Nada como poder compaginar mi trabajo con, por ejemplo, el cuidado de mi familia en casa. Con estar con los niños al llegar del trabajo, con hacerles la comida cada día o ayudarles a hacer los deberes. Sí, claro, pero… si haces todo eso ¿entonces cuándo trabajas? Trabajar desde casa tiene otro riesgo ahí: no saber dividir los horarios y que las cosas de casa acaben fagocitando tu tiempo.

Como quieras, pero es una cuestión de organizarse, dirás. Planificar entregas, establecer horarios, ser firme con uno mismo, y montárselo bien. Correcto, eso es cierto. Pero ¿serás capaz? Es más, ¿serás capaz de trabajar igual de bien lejos de una oficina? Porque, aunque no lo notes, en tu día a día te rodean ideas, conversaciones, proyectos… inputs, al fin y al cabo, que nutren tu quehacer diario, te dan ideas, inspiración y motivación. En casa, en principio, eso no lo tienes.

¿En casa o en la oficina? Todo tiene ventajas e inconvenientes, claro. Pero… ¿tú qué prefieres?

Foto: Lali Masriera, 2006 (CC)