La base de una jornada laboral productiva es la planificación. Anticiparse a lo que vaya a ocurrir no es difícil. Se sabe a qué hora llega el jefe, a la hora que se tendrá ganas de tomar un café, cuándo el teléfono echa humo, y también cómo estamos de energía en cada hora. Aunque siempre hay “ladrones de tiempo” inevitables: un mensajero, una llamada de un cliente, un mail urgente…, otros se pueden esquivar.

La primera cuestión a tener en cuenta es que no todos los días estamos igual. A veces dormimos menos, discutimos con la familia o simplemente tenemos una semana que se nos hace especialmente larga… Sin embargo, siempre hay factores externos que se pueden prever e internos que se pueden explorar y mejorar.

Factores externos. Crear una burbuja de concentración

  • Decir no. Saber decir no y establecer prioridades ayuda a controlar el tiempo durante la jornada. La concentración es un tesoro. Conseguirla en un espacio ordenado, sin ruidos ni interrupciones es fácil, pero conseguirla en una oficina es de héroes. Y en las que son abiertas es una proeza. Así que hay que entrenarse en decir que no. Utilizar el lenguaje corporal es una forma asertiva de proteger ese momento. Por ejemplo, no tener contacto visual con ese compañero que merodea tu mesa para hacerte una consulta. Esa actitud no le invitará a interrumpirte. Si aún así lo hace acuerda rápidamente un aplazamiento. O pídele directamente que en cuanto termines lo que estás haciendo volvéis a hablar. ¿Qué tal unos auriculares con buena música para concentrarte?
  • Espacio limpio y despejado. Es importante mantener el espacio de trabajo despejado de papeles y notas. Mantén abiertas solo las pantallas necesarias en el ordenador y evita las páginas de periódicos (y por supuesto Facebook). Que solo quede lo necesario. La fábrica Toyota desarrolló un método de gestión del espacio y el tiempo de trabajo en los años 60, la técnica 5S (1. Seiri, 2. Seiton, 3. Seiso, 4. Seiketsu, 5. Shitsuke). Eliminar lo superfluo, que solo permanezca lo que se necesita en cinco pasos. Esta técnica se aplica en muchas empresas mejorando el clima laboral, y por lo tanto la productividad.

Factores internos. Autoconocimiento y gestión emocional

Planificación. Muchas veces la pérdida de la concentración tiene que ver con la sobrecarga. Haz un esquema con las tareas al inicio de la jornada estableciendo prioridades. Te ayudará a redistribuir el tiempo cuando empiecen a llegar los imprevistos. Y recuerda: la jornada laboral dura ocho horas. Fuera también hay vida.

Mindfullness. Mediante esta técnica consigues una conciencia plena. Centras la atención en lo que estás haciendo. Pero para ser capaz de centrar la atención es también necesario saber gestionar las emociones. Por este motivo es importante hacer una autoexploración emocional. Saber cómo se está y no pasar por alto los malos días ayuda a afrontar la jornada laboral. En la empresa más feliz del mundo lo practican.

Respiración. Para aquellos momentos en los que el estrés se apodera y se pierde el hilo de lo que se estaba haciendo, una buena técnica es recurrir a la respiración. Poner atención en ella ayuda a calmar la mente y restablece el ritmo del latido del corazón. Dedica un minuto a pensar cuando notes cansancio o estés desconcentrado.

Evitar relegar y la multitarea. El cerebro tarda un tiempo en adaptarse a lo que está haciendo, unos veinte minutos. Acostúmbrate a empezar la tarea y finalizarla. Sin excusas. Las tentaciones de cambiar de tarea son muchas, pero lo único que conseguirás es estresarte y tener la sensación de que no avanzas. Al final del día cuenta lo que has terminado, escalado, lo que ya no queda pendiente.

Estas técnicas te ayudarán a crear un espacio en el que poder hacer una mejor gestión del tiempo durante la jornada.