Seguro que has oído hablar del término “Inteligencia Emocional”. Un término que antepone nuestras emociones y sentimientos ante “lo racional” en nuestra forma de comportarnos e influir en los demás. Pero ¿de qué se trata? ¿por qué es tan importante para nuestra vida personal y laboral?

Este término popularizado por Daniel Goleman, se refiere al conjunto de habilidades psicológicas que nos permiten  controlar de una forma equilibrada nuestra propias emociones y entender las de las otras personas, y utilizarlas para guiar nuestra forma de pensar y nuestra forma de comportarnos.

La importancia de esta idea se debe a que las personas somos en mayor medida emocionales que racionales. Nuestros actos y nuestra forma de relacionarlos con los demás están cargados de emociones que provocan acciones y reacciones en los demás y que marcan todas nuestras relaciones. Por supuesto, también se encuentran en el ámbito laboral, por muy objetivos que queramos ser en nuestra forma de actuar. La gestión de esas emociones puede, en muchos casos, marcar la diferencia entre el éxito o el fracaso.

Sin embargo, a este instrumento tan valioso no se le ha dado la importancia que se merece en nuestra formación académica y profesional. Ha sido un gran olvidado. Parece ser que está cambiando. En la educación pública de Canarias están empezando a darse cuenta de la importancia de controlar las emociones desde pequeños y el año que viene empezarán  a impartir en primaria la asignatura: “Educación emocional y creatividad”. Un paso muy positivo, que si se extiende puede tener un efecto muy positivo en la preparación de las futuras generaciones.

Nosotros no hemos tenido la suerte de formarnos en este campo, pero sabemos que nuestros sentimientos influyen de una forma directa en el trabajo y en lo que transmitimos a los demás.

En Avanza en tu Carrera te ofrecemos un amplio abanico de cursos y seminarios para que aprendas a utilizar la Inteligencia Emocional en tu día a día, si quieres profundizar en esta materia. Mientras tanto queremos darte algunos consejos que puedas aplicar de forma inmediata y que te ayuden a gestionar tus relaciones con los demás.

Conócete a ti mismo

El primer paso para poder aplicar la inteligencia emocional empieza en nosotros mismos. En este análisis tienes que ser honesto contigo mismo y explorar las emociones que más afectan a tu desempeño laboral. El objetivo es ser capaz de apreciar qué emociones te causan estrés, cuáles te animan a actuar, cuáles te hacen sonreír, dónde están tus inseguridades, que hace que aprecies o valores a alguien en una primera impresión, etc.

Intenta reconocer tus fortalezas y debilidades, maximiza tus aspectos positivos y toma conciencia de ellos para tomar el control. No es un ejercicio fácil y es recomendable contar con la ayuda de un profesional que te ayude a construir una imagen fiel de ti mismo.

Escucha más allá de las palabras

Las conversaciones que mantenemos están cargadas de ruido. Si escuchas, encontrarás que las personas te están transmitiendo muchísima información que no se encuentra en las palabras: actitudes, rechazos, pasiones, motivaciones. Eso que realmente les mueve.

Si guardas silencio, prestas atención y no interrumpes podrás apreciar esa información, que te ayudará a clarificar muchas situaciones laborales, además de entender realmente a tu interlocutor. Con esa información conseguirás tomar decisiones y actuar de una forma más efectiva.

Esfuérzate por empatizar

Una vez has conseguido escuchar a los demás, ponte en su lugar, analiza que están sintiendo. Es habitual que actuemos siguiendo un objetivo, sin tener en cuenta cómo influyen esas acciones emocionalmente en los demás. Si somos capaces de dar importancia a este aspecto y adaptamos nuestras exigencias y nuestras acciones a estas emociones alcanzaremos nuestro objetivo de una forma más eficiente y eficaz, porque pondremos a los demás de nuestro lado.

Equilibra tus emociones

Todos tenemos impulsos. Todos en algún momento dejamos salir nuestras emociones sin control, y actuamos de forma injusta con nosotros mismos y con los demás. Grita o llora, pega un grito en la intimidad si lo necesitas, pero en tus relaciones procura ser equilibrado. No tienes que reprimir tus emociones, simplemente no dejes que te gobiernen. Y si notas que vas a perder el control, cierra esa conversación y retómala más tarde. Cuando sepas que eres capaz de hacer que tus emociones fluyan de una forma equilibrada para expresar lo que realmente quieres y sientes.

Recuerda que tenemos un lenguaje corporal

Todos, absolutamente todos, hablamos sin hablar. Puede haber mucha más información en nuestros silencios, nuestras expresiones faciales, el tono de nuestra voz, la posición de nuestras manos. Observa ese lenguaje cuando te analices a ti mismo y escuches a los demás.

Notarás que tus relaciones laborales mejoran y tus objetivos se alcanzan más rápidamente, si al comunicar o trasladar algo a los demás, en lugar de ser aséptico e impersonal, dejas que las emociones entre en la ecuación de forma equilibrada. ¿No te parece?   

Autor: Jorge Barón