Dar el paso de empleado a mando intermedio es, ante todo, un cambio en la forma de abordar las tareas. Cuando se es empleado el progreso depende del grado de desempeño en las acciones individuales que se acometan. Ahora bien, en un puesto de responsabilidad el desafío tiene que ver con la capacidad para orquestar el desempeño de otros, orientarlo y hacerlos confluir hacia un objetivo común. Estos son algunos de los puntos sobre los que habría saber que girar el prisma.

Darlo todo en la comunicación

Crear un equipo y liderarlo pasa por crear un clima de confianza en el que cada persona que participa sienta que puede dar lo mejor de sí misma. Para ello es fundamental escuchar. No estaría de más que una de las primeras acciones que se llevaran a cabo nada más acceder a la nueva posición sea tener una reunión con cada miembro del equipo para conocer cada punto de vista o recoger puntos de mejora en el funcionamiento.

También es interesante conocer en qué momento se encuentra cada cual, incluso personal, para saber dónde se puede exigir más o a quién no tensar en un momento determinado. Se trata de medir el estado de ánimo del grupo. Quienes necesitan directrices más claras o quienes tienen labores más creativas y, por lo tanto, necesitan una mayor flexibilidad . Conocer a las personas del grupo con el que se trabaja permitirá asignar papeles en diferentes formas de ejecución y tiempo.

Pasada esta fase, sería recomendable establecer una rutina de reunión semanal, para la que no extenderse más allá de 20 minutos. Debe estar perfectamente estructurada y el objetivo será tomar el pulso del grupo y organizar las líneas generales del trabajo en la semana.

La transparencia en cuanto a decisiones, objetivos, obstáculos que puedan presentarse generará un ambiente de confianza y situará a todo el mundo en un modo resolutivo. Esconder las dificultades hará que sea más difícil gestionar una crisis una vez se declare.

Por otra parte, es fundamental saber transmitir la importancia de cada tarea y de cómo éstas se integran en objetivos más estratégicos, aquellos que van más allá de los objetivos del propio equipo pero entroncan con el resto de la estructura de la compañía. La motivación tiene que ver con ser capaz de visibilizar la importancia de la tarea que hace cada cual y el impacto que supone para la organización.

Te han hecho jefe o jefa. ¿Y ahora qué?

Ser el primero en ponerse a trabajar

La autoridad no viene dada por el cargo. La autoridad implica predicar con el ejemplo. De nada sirve pedir puntualidad o feedback cuando no se está llegando a la hora o no se hace una devolución sobre la labor de cada cual cada cierto tiempo.

El ejemplo del día a día, asumiendo la misma dinámica que se propone, enlaza con coherencia el discurso con el quehacer diario. Y esto es la base de la confianza y el respeto. Tiene que ver también con conocerse y no exigir a los demás algo que no se podrá cumplir.

Asumir errores y reconocerlos contribuye a generar un clima de normalidad. Hay que apostar por crear dinámicas donde prevalezca el reconocimiento y todo el mundo actúe con justicia, tú el primero. Siempre en un contexto laboral, sin dejar que traspase a ámbitos más personales. Está claro que habrá personas con las que conectes mejor que con otras pero eso no debe dejar que trascienda al terreno de la práctica diaria. El clima se resentiría y tu reputación como líder quedaría cuestionada.

Delegar, distribuir, planificar

Este puede ser el cambio más drástico y el que más cueste dar. Asumir un rol de coordinación implica tener una visión global del equipo y conectar las diferentes sinergias. Para ello habrá que ir estableciendo planes de actuación y encajar a cada miembro en su momento. Se trata de aportar la visión de conjunto por lo que habrá que ir deshaciéndose de las tareas más mecánicas.

Si se van a dejar determinadas labores en otras manos hay dos aspectos que tener en cuenta. Uno, ser generoso en cuanto a la transmisión de conocimientos. Cuántos más detalles e información se ofrezca a la persona que te sustituirá más rápido empezará a funcionar esa pieza del engranaje. Dos, asumir que hay varias formas de hacer las cosas, tu forma de hacer no es la única posible.

Por último, en este rol de coordinación es importante definir qué gestiones se asumen y cuáles se delegan. Y que todo el equipo lo tenga claro.