Sucede con mucha frecuencia que, cuando te incorporas a tu nuevo puesto, tus compañeros y superiores te dan la bienvenida recordándote lo alto que deja el listón tu predecesor. Era un crack. A veces porque a la gente le cuesta adaptarse a los cambios, a veces con el interés deliberado de forzar tu rendimiento, te cae esta sentencia encima. Te damos algunos consejos para ayudarte a remontar la situación desde el primer día de trabajo.

No te impacientes con averiguar todo de golpe

Acabas de llegar y todavía te queda mucho por descubrir. Los seres humanos tendemos a repetir patrones, pero las cosas no se reproducen nunca exactamente igual. Por muy familiar que te resulte, porque ya habías visto algo parecido antes, no te precipites en sacar conclusiones. Ya llegará el día en que todas las piezas del puzzle encajen. De momento actúa con prudencia y observa las funciones que realiza cada cual y cómo se interrelacionan con las tuyas. Es decir, quien te precedía ¿qué vínculo estrictamente laboral tenía con quien hoy le ensalza tanto? Esa puede ser una guía para ir definiendo tu sitio en la empresa.

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Observa la metodología de quien te precede

Dos trabajadores con una formación similar y parecida trayectoria tienen un rendimiento semejante. Antes de poner en duda la eficiencia de la persona que te precedía, observa los vestigios de su metodología mientras aún perduran. Puede que su fama fuera bien merecida y realmente empleara estrategias especialmente efectivas. Analizar este punto solo puede favorecerte si lo haces de una manera objetiva y sin dejar que la comparación te atormente o baje tu autoestima. Si ocupas el puesto de alguien con mucha más experiencia, esta observación será aún más productiva.

Determina los límites en casa

Toda adaptación tiene su proceso, pero las personas que supervisan tu trabajo pueden pertenecer al bando de los impacientes. Quizá te están exigiendo demasiado para el tiempo que llevas. Antes de contestar en caliente a sus demandas y dar una mala respuesta, consúltalo con la almohada. Por un lado, puedes hacer ver que requieres un tiempo de adaptación para dar el 100%. Por otro lado, puede que tú no estés dispuesto a darte tanto como quien antes ocupaba tu puesto. Quizá era workaholic.

Por eso has de interiorizar tus límites y ver hasta dónde quieres sacrificarte, siempre teniendo en cuenta que el periodo de adaptación suele requerir un mayor sacrificio. Determina el punto de corte por encima del cual consideras que sus exigencias son un abuso y, si llega a ese límite, prepara tu actuación para no tomar una decisión impulsiva.

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Como hemos señalado al principio, a la gente le cuestan los cambios. Y hay quien no piensa en más. Es decir, no son conscientes de que pueden sentarte mal determinados comentarios. Quieren expresar que las cosas no son como eran antes. Algo que te evitará situaciones de confrontación es dejar que la cotidianeidad vuelva a invadirlo todo. Antes de saltar ante un comentario inoportuno, conviene medir las formas, determinar la fuerza de la contestación y si merece realmente la pena darla.

Al final, y quizá en menos tiempo de lo que pensabas, llega el olvido. Tú te conviertes en una pieza más a la que todo el engranaje se ha acostumbrado. Siempre puede saltar algún comentario inoportuno, pero ya no será tan frecuente y tu posición estará más consolidada para dar una respuesta que no te perjudique.