El primer día de trabajo es una jornada en la que hay que poner todos los sentidos al cien por cien.

Los nervios y las ganas de quedar bien puede hacer que la seguridad en ti mismo flojee. Pero todo va a ir bien. Seguramente habrá una persona que se encargue de hacer de anfitriona y a la que podrás preguntar todas tus dudas. Es preferible que te limites a consultar solo a esa persona ya que ese será su cometido y puede justificar las interrupciones en su día a día. Acude al resto solo si te ofrecen su ayuda y sin cortar demasiado.

Repasa estos consejos para calmar los nervios y enfrentarte a la situación con más recursos.

1. Llega pronto. Los gestos en estos momentos son determinantes para construir una buena imagen. Llegar 20 minutos antes de la hora los primeros días no está de más para situarte, entrar en los programas que necesitas y poder estar a punto cuando llegue el momento de empezar. En general, es aconsejable instalarlo como costumbre para evitar posibles retrasos por atascos o incidencias varias.

2. Acude limpio y aseado un punto por encima de lo que lo haces habitualmente, cuida que la ropa esté limpia y planchada convenientemente, los zapatos con brillo y las uñas cuidadas. Ten precaución con el perfume. Los aromas pueden ser muy molestos si son muy intensos o persistentes. Consulta antes por el dresscode  para no desentonar con el resto del personal.

3. Y cuando termine la jornada no te vayas en cuanto sea la hora. Date unos días para ver cómo funciona el personal. Si todo el mundo sale puntual, a su hora, hazlo tú también. Si no lo hacen, ajusta tu horario de salida a lo que hace el resto. Al menos por el momento, ya llegará el día en el que podrás amoldarlo a tus tiempos. Se trata de ir construyendo una buena imagen.

4. Preséntate a cada persona con la que compartes espacio. Di tu nombre y la posición o el puesto para el que te han contratado. No está de más ofrecerte para echar una mano a quién lo necesite. Esto será una fórmula de cortesía, poco a poco tendrás oportunidad de saber con quién podrás colaborar.

5. Utiliza el espacio que te asignen, tu mesa, el equipo las bandejas, papeles de una forma ordenada. Procura que el espacio siempre esté siempre limpio y ordenado. Espera un poco para personalizarlo o, si lo haces, que sea de una forma discreta para no resultar invasivo. Pregunta antes de tomar la iniciativa en algo. Es interesante que te muestres proactivo pero es muy fácil cometer un error porque todavía no controlas nada.

6. Crea tu agenda de contactos en el email de la empresa y las carpetas que vayas a necesitar. Apunta en el calendario las fechas señaladas de la oficina y prueba que claves y contraseñas funcionan correctamente. Organiza el correo y confecciona la agenda de contactos con las direcciones importantes. Apunta en una nota todas aquellas dudas que te vayan surgiendo y pregúntalas en bloque para no interrumpir continuamente el trabajo del resto.

7. Calcula bien el tiempo del descanso y sé más bien conservador. Utiliza solo cinco o diez minutos para tomar un café. No tomes tú la iniciativa, deja que la persona que te está acompañando te lo ofrezca. Si fumas, procura reducir las salidas al exterior.

8. Haz un esfuerzo por registrar el máximo de cosas para que no tengan que repetírtelas. Ve apuntándolas y repasándolas en casa si lo ves necesario. Es un ejercicio que puedes hacer en el tiempo antes de empezar la jornada. De este ejercicio de atención probablemente te surgirán dudas que podrás resolver con la persona de referencia o con aquellos que se hayan ofrecido a ayudarte. Aprovecha estos minutos antes de empezar para organizarte y familiarízate con los programas que se usan.

9. Evita el uso del teléfono móvil para cuestiones personales o consultar las redes sociales. Haz lo propio con los equipos de la empresa, no utilices para cuestiones privadas el material de la empresa.Ponte al día con las costumbres de la oficina, si se hace algún día afterwork , con quién puedes comer, si se come fuera del trabajo o en la oficina con táper. Trata también de captar el ambiente y amoldarte a él. En general, evita bromas hasta que tengas algo más de confianza.

Cuando no se sabe muy bien lo que hacer porque estás descolocado por la situación conviene hacer caso al refrán: allá donde fueres, haz lo que vieres. Una vez tengas más confianza podrás amoldarlo a tus preferencias. De momento lo mejor es ser lo más discreto posible.
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