Hay quien mataría por firmar un contrato. De hecho, dada la situación, hay quien firma contratos casi sin leer las condiciones que en él se detallan. Pero cada contrato es un mundo y, más allá del salario, hay algunas cosas que se deben tener en cuenta a la hora de fichar por una empresa. Quizá no sea un buen momento para andarse con exquisiteces, pero siempre hay que tener claro lo que se firma.

¿Qué trabajo se va a desempeñar? Es decir, qué funciones se van a llevar a cabo en la empresa que te contrata. No suele venir excesivamente especificado porque las empresas se guardan el as en la manga de poder introducir cambios según la planificación estratégica que siga, según la cual dispondrá sus piezas como mejor le convenga. Pero sí se explican un poco para acotar qué harás o, en lo que interesa al trabajador, qué no hará.

¿Cuánto dura el contrato? La figura del contrato fijo ha desaparecido como tal, y en su lugar se generalizó el indefinido. Dadas las circunstancias que nos está tocando vivir, esa ‘indefinición’ cobra pleno sentido porque, gracias a la última reforma laboral, una empresa podrá despedir de forma procedente incluso cuando vea reducidos sus beneficios. Pero además de esas figuras existen otras, como la del trabajo temporal, la del trabajo por un plazo concreto o, una cada vez más generalizada, la del contrato por obra y servicio, lo que traducido quiere decir que cuando se termine un proyecto, el contrato expira.

¿Cuánto voy a cobrar? En un contrato se especifica el sueldo tal y como se debe negociar, en bruto anual. A este bruto anual habría que descontarle impuestos, paro y demás y dividir entre tantas pagas como tengamos (una al mes, una extra, dos extras…). En algunos casos hay variables condicionadas a resultados empresariales. Te interesa saber que para modificar el sueldo al alza no se suele entregar un nuevo contrato para firmar, pero sí hay obligación de firmar un cambio de contrato si se revisara el salario a la baja.

¿Según qué me representan? Cada sector laboral tiene un convenio colectivo que, por norma general, regula las condiciones de trabajo generales. Desde días de permiso por asuntos familiares hasta tramos de salarios, pasando por vacaciones y otros derechos del trabajador. Es importante saber qué convenio rige nuestra actividad para conocer nuestros derechos y obligaciones.

¿Cuándo trabajo? En el contrato se especifica el número de horas semanales de trabajo que, en algunos casos, suele no corresponderse con la realidad -aunque debiera. Basándose en esas horas se cotiza, así que aunque trabajes todo el día, si estás dado de alta como trabajador a tiempo parcial, cotizarás solo una parte de todo tu trabajo. En el contrato también se especifica qué turnos se siguen: si de lunes a viernes, si fines de semana, festivos o, en algunos casos, a cualquier hora del día de cualquier día del año. En este último caso, como en todos, se recoge que hay que respetar, en cualquier caso, los descansos marcados por ley.

¿Cómo qué me contratan? La empresa contrata al personal teóricamente según las aptitudes y formación del trabajador ya que, según el grado de estudios y la modalidad de contrato, se establecen diferentes grupos de cotización. Aunque no siempre se especifica de forma clara en el contrato, se puede ver cómo qué nos han contratado sacando un informe de vida laboral ¿En qué afecta? En las bases mínimas de cotización que tendrán que aplicarte y que luego, entre otras cosas, definirán tu prestación por desempleo si tienes que cobrarla.

¿Qué más puede incluir un contrato? Puede tener apuntes sobre tus derechos de imagen o la propiedad intelectual de tu trabajo, a fin de que tu empresa pueda usar lo que haces en otros lugares o con otros fines. Puede tener una cláusula de exclusividad, mediante la que se fija que solo puedes trabajar con esa empresa mientras esté el contrato en vigor. Puede fijar un acuerdo por el que la empresa se encarga de tus derechos de representación para fines profesionales. Puede, incluso, estipular cómo y de qué forma disponer de fondos materiales o inmateriales incluidos en las prestaciones del contrato.

Lo que una empresa no puede obligarte a hacer es a usar tu reputación para autopromocionarse. Tu perfil en redes sociales siempre seguirá siendo tuyo, siempre y cuando no se haya creado para fines exclusivamente profesionales y relacionados con la empresa que te ha contratado. Tus seguidores, amigo, se pagan aparte.