Un estudio del Banco Mundial revela que el 90% de los países pone restricciones a la mujer para trabajar. En Rusia no pueden ser conductoras de metro y en Francia no pueden llevar a cabo actividades que impliquen levantar más de 25 kg, según destaca el director de la unidad encargada del elaborar el informe.

Todavía quedan muchas barreras que dificultan la incorporación de la mujer al mundo laboral en igualdad de condiciones. Las dos zonas que imponen mayores limitaciones a su carrera profesional son Oriente Medio y el Norte de África, donde se encuentran 15 de las economías más restrictivas del mundo. En el lado opuesto están las regiones donde la situación de igualdad laboral y económica ha avanzado más, que son Europa y Asia Central.

El caso de España

Solo 18 países de los 173 analizados en el estudio carecen de restricciones legales que frenen la incorporación laboral de la mujer. España está entre ellos, junto con Armenia, Canadá, Estonia, Hungría, Kosovo, Malta, México, Namibia, Nueva Zelanda, Países Bajos, Perú, Puerto Rico, República Dominicana, Eslovaquia, Serbia, Sudáfrica y Taiwán (China).

Sin embargo, que las mujeres no cuenten con restricciones legales a la hora de ocupar un puesto no significa que estén en igualdad de condiciones. En España la brecha salarial es todavía muy significativa. Según datos de Hacienda publicados sobre Mercado de trabajo y pensiones en las fuentes tributarias, el porcentaje de hombres en los tramos que más se cobra es bastante superior al de mujeres. El 82% de los trabajadores que perciben los sueldos más altos son hombres.

Y aún hay más datos que respaldan la situación de desventaja en la que se encuentran las mujeres españolas. Una encuesta elaborada por la organización Malas Madres, en la que participaron más de 4.500 madres, evidencia que más del 80% de las encuestadas no concilian y más de la mitad han sufrido alguna consecuencia negativa por su maternidad, como un cambio de puesto.

Aún teniendo en cuenta todo esto, también hay que decir que la situación ha mejorado en los últimos tiempos y parece que hay una cierta tendencia a que se reduzca la brecha salarial. Si se compara el sueldo medio de un hombre en 2012 con el de una mujer en aquel momento, la diferencia superaba los 5.000 euros a favor de ellos. En 2014 esa diferencia se ha reducido a 4.600 euros, lo que sigue siendo una cifra muy elevada, pero algo inferior.

Impulsar el desarrollo

Entre las acciones que se deben fomentar para acabar con la desigualdad de género en cuestiones laborales y económicas, hay que empezar por modificar la propia educación y fomentarla, sobre todo en determinadas zonas del mundo. En septiembre se aprobaron los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) por las Naciones Unidas. Uno de estos objetivos es que todos los niños y niñas reciban educación secundaria gratuita y de calidad de aquí a 2030. Las mujeres que reciben este tipo de educación tienen hijos más tarde y en menor cantidad, lo que contribuye mejorar múltiples aspectos de su vida laboral y económica que tienen gran repercusión en toda la sociedad.

Si nos centramos en el mundo laboral, una reivindicación importante es que las mujeres ocupen puestos de responsabilidad y rompan el techo de cristal que impone la dinámica empresarial. Con la intención de impulsar y mejorar la presencia de mujeres en puestos directivos, se ha presentado recientemente la guía Más allá de los 30, un manual en el que se recogen medidas que se han llevado a cabo desde los departamentos de recursos humanos de importantes empresas para potenciar el papel de las directivas en la empresa.