La irrupción de la automatización en el mundo laboral está provocando la paulatina desaparición de gran parte de los trabajos que conocemos. El 57% de la fuerza de trabajo de los países de la OCDE están en peligro de desaparecer, según la Universidad de Oxford. Las máquinas se llevarán por delante el 52% de los puestos de trabajo en los próximos 30, años así que la pregunta es automática: ¿cómo se conseguirá el sustento?, ¿qué ocurrirá con aquellas personas que no perciban rentas por el trabajo o que estas no sean suficientes para subsistir?

Una salida a la escasez de trabajo

La necesidad de repensar cómo se distribuirá la riqueza en un mundo altamente productivo debido a la eficiencia de las  máquinas se hace cada vez más urgente. Una de las soluciones que mejor se van perfilando es la implantación de una renta básica yniversal. Desde Silicon Valley hasta la modélica Finlandia, debates en foros como el que reúne en Davos a la élite económica o entre los partidos con ideas más progresistas ponen sobre la mesa la posibilidad de que todos los ciudadanos de un país percibieran un dinero fijo, sin requisitos, sin exclusiones, ricos y pobres dispondrían de una cantidad suficiente para tener cubiertas sus necesidades básicas.

Los economistas Jordi Arcarons y Lluís Torrens, creadores de la iniciativa rentabasica.org han realizado el cálculo de lo que sería una “asignación monetaria incondicional a toda la población”. El resultado supondría la percepción de 7.421 €/año (622 €/mes), una cantidad similar a la considerada como límite del umbral de la pobreza. Sería una forma de respaldar una garantía de pobreza cero.

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¿Cómo se financia la renta básica?

Redistribuir la riqueza generada en un territorio para que todo el mundo pueda disfrutar de una renta universal se conseguiría a través de una reformulación del IRPF (Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas). La implantación de un sistema fiscal progresivo donde las rentas más altas aportaran más de lo que recibieran permitiría financiar esta fórmula. De esta manera, el 80% de la población mejoraría sus condiciones de vida. Solo afectaría en términos de pérdida de poder adquisitivo al 20% de las personas más adineradas. El que la prestación fuera incondicional para todo el mundo ahorraría gastos a la Administración derivados de dilucidar quién debe percibir determinada prestación.

Los detractores opinan que tener asegurados unos ingresos mínimos provocaría un desincentivo al empleo. En este punto cabría recordar que ya existen países que están reduciendo las horas de jornada laboral para explorar diferentes formas de distribución del trabajo en un mundo que se presenta con escasez de empleo tal como lo conocemos.

Renta mínima y renta máxima

Hay que aclarar que la renta básica universal no es lo mismo que la renta mínima. Este último concepto hace referencia a la percepción de un mínimo de ingresos a la parte de la población más desfavorecida que garantice la cobertura de las necesidades básicas. No se trata de una dotación incondicional, sino que solo estaría dirigida a las personas que no llegaran a ciertos ingresos básicos.

La renta máxima por su parte limita la posibilidad de ganar por encima de una cantidad estipulada. Un tope a partir del cual todo lo que se percibiera sería puesto a disposición del servicio público.

Tener cubiertas las espaldas con unos ingresos mínimos permitiría disponer de mayor capacidad para conseguir un trabajo a la medida de nuestros deseos, sin que la necesidad de unos ingresos apremiara.