Los ángeles existen. No son como los de la Capilla Sixtina con sus alitas y con poca ropa pero cumplen la misma función: guiarnos por el buen camino, en este caso, en el mundo de los negocios. Se trata de una figura conocida como  ‘business angels’ o ángeles inversores, que son personas particulares (ya sea empresarios, directivos, ahorradores o emprendedores con éxito) solventes, desde un punto de vista financiero, que a título privado aportan lo que se conoce como ‘capital inteligente’; es decir, su capital, conocimientos y red contactos. Una persona que se convierte en mecenas y mentor.

La inversión angelical puede ser el capital semilla de un proyecto que está poniendo en marcha un joven emprendedor o ir destinada a una empresa existente que esté en fase de crecimiento. El ángel, a cambio, tendrá una participación en el capital de la empresa (por debajo del 50%) y buscará obtener beneficios en un período de 3 y 5 años. Para ello,  seleccionará, a través de la valoración de un plan de negocio, aquellos proyectos potencialmente exitosos.

No existen unos límites establecidos pero normalmente el desembolso monetario de estos inversores privados oscila entre los 50.000 y los 300.000 euros (o un 25% de su capital disponible) en sociedades que presenten perspectivas de crecimiento rápido.

Muchos de estos inversores se han unido en redes de ángeles que, normalmente, se concentran geográficamente. Así, encontramos una grupo de ángeles en Asturias (ASBAN – Red Asturiana de Business Angels), en Castilla La Mancha (GOBAN – Red Business Angels de Castilla La Mancha) o en Cádiz (Business Angels Cádiz). A nivel nacional existe la Red Española de Business Angels (ESBAN). Este tipo de organizaciones tienen como función el poner en contacto a emprendedores que buscan capital para financiar sus proyectos con los propios inversores.

Si tienes una idea en mente o un proyecto entre manos hazte con un ángel de la guarda que te asesore y te respalde. Esa persona será tu padrino y, además de dinero, aportará credibilidad a tu proyecto, acceso a otras fuentes de financiación, contactos, experiencia y conocimientos; aspectos de suma importancia que suponen un impulso de cara al despegue de una empresa.

Hoy en día la figura del ‘business angel’ o ángel inversor está siendo una herramienta fundamental para promover la innovación y el crecimiento y, aunque pueda parecer un concepto nuevo, desde hace años existen este tipo de inversores privados.  En 1930, al inicio del desarrollo del Silicon Valley, en los Estados Unidos, el entonces decano del Departamento de Ingeniería de la Universidad de Stanford, Frederick Terman, dejó 500 dólares a dos de sus licenciados, Bill Hewlett y Dave Packard, para que pudieran desarrollar un proyecto empresarial que, con el paso del tiempo, dio lugar a un de las empresas de referencia dentro de la industria electrónica: Hewlett-Packard. Terman, además de dejarles el dinero, también ayudó a sus dos alumnos a desarrollar su negocio y los apadrinó durante los primeros años de su carrera en el mundo de los negocios.

Foto de portada: insane gal (Flickr) con licencia CC