Un proceso de selección de personal es, como su nombre indica, selectivo. Se trata de rechazar candidaturas para contratar al candidato ideal. Sin embargo, no siempre se discrimina por motivos relacionados con el desempeño del trabajo. También entran en juego los prejuicios de los reclutadores. Los más evidentes están obligados a revisárselos, pero ¿qué sucede con prejuicios más sutiles, como los de clase social?

La discriminación durante el proceso de reclutamiento

Hay empresas que se enfrentan a sanciones por haber practicado técnicas de selección de personal discriminatorias. Esta es una de las circunstancias que dan lugar al desarrollo del CV ciego, donde se eliminan datos como la foto de perfil, el año de nacimiento o de finalización de estudios y la nacionalidad.

Actualmente, hay países que vigilan muy de cerca este tipo de prácticas, como Francia, así como multinacionales que no quieren enfrentarse a demandas y establecen protocolos para que no se produzcan exclusiones por motivos sancionables.

En España, la Constitución protege contra la discriminación en general a través del artículo 14. Además, se hace mención expresa en el Estatuto de los Trabajadores a la discriminación por género, etnia o nacionalidad, edad, estado civil, orientación sexual, enfermedad, discapacidad, religión e ideas políticas o convicciones.

Esto quiere decir que, en último término, una empresa podría ser sancionada por incluir en una entrevista del proceso de selección preguntas que discriminan, como interrogarte sobre si tienes pensado tener hijos o si padeces alguna enfermedad, o de dónde es tu familia, sobre todo en el caso de que sea extranjera.

Selección de capital humano discriminatorio

Una discriminación puede ser sutil y difícil de demostrar

La discriminación por clase social existe y hay estudios que lo demuestran. Recientemente, se han publicado las conclusiones de uno de ellos, llevado a cabo en la Universidad de Yale. Sus investigadores afirman que en los primeros minutos de un encuentro cara a cara, o incluso por teléfono, los entrevistadores captan la clase social a la que pertenece la persona que aspira a ocupar la vacante.

Según estos expertos, los reclutadores están dispuestos a ofrecer salarios más altos y mayor responsabilidad a candidatos que consideran que tienen mejor nivel económico.

Hacer frente a este tipo de discriminación es realmente complejo porque las empresas no necesitan preguntar nada, es suficiente con tener un encuentro personal o telefónico con los aspirantes. En ese sentido, es similar a la discriminación por género, por etnia, por edad o por discapacidad, que pueden constatarse desde una mirada prejuiciosa sin que la persona que opta al puesto note nada.

Esto quiere decir que, si se quiere combatir, es necesario crear conciencia social y visibilizar este prejuicio para poder llegar a procesos de selección más justos donde lo realmente importante sea elegir a la persona que mejor va a llevar el desempeño que requiere el puesto vacante.