Tus padres admiraban a un tipo llamado Félix Rodríguez de la Fuente… Pero tú ni siquiera sabes quién es. Sin embargo, te encanta la naturaleza, el trabajo al aire libre y el contacto con los animales. Eso sí, no quieres ser veterinario, que se sufre mucho viendo enfermar a las mascotas, ni trabajar en un zoo porque te llama más el rollo salvaje, de la foresta. ¿Has pensado en hacerte halconero o dedicarte al control de fauna?

Estos profesionales, los halconeros, son expertos en cetrería (una modalidad de caza declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2010) y una de sus labores más curiosas en pleno siglo XXI es la de mantener a raya bandadas de pájaros en los entornos de los aeropuertos, evitando de una manera sostenible y eficaz problemas a los pilotos y torres de control durante los despegues y aterrizajes. Los halconeros forman equipo con sus aves, entrenadas y especializadas, que son las que marcan la zona, imponiendo su presencia y disuadiendo a la fauna de cruzar por ahí. Es sostenible porque la mayor parte de sus vuelos son para disuadir sin hacer presa (aunque hay veces en las que hay que recompensarles por su trabajo para que sigan confiando en su amo y haciendo su labor).

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“La persona que maneja una rapaz tiene que querer hacerlo”, comenta el fundador de Falcon Al-Andalus, Juan Jesús Hernández Palenzuela. Su empresa tiene apenas dos años, pero su dedicación a los halcones le viene desde hace décadas. Él destaca como habilidades necesarias para dedicarse a esto la paciencia para entrenar al halcón y sobrellevar algún que otro fracaso; y la tranquilidad, pues el estado de ánimo, el nerviosismo, se transmite muy intensamente a las rapaces. También hay que amar los pájaros y conocer sus comportamientos, migraciones… en definitiva, saber observar y conocer la naturaleza.

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Además, la dedicación es permanente, casi sin horarios, por lo que el ingrediente de la pasión ha de poder al del beneficio económico. Por ejemplo, el trabajo en el aeropuerto empieza cuando sale el sol y acaba cuando se pone, todos los días del año, a excepción de los días de mucho viento o lluvia en los que las aves no suelen volar (ni tampoco algunos aviones). El clima, los movimientos migratorios, la estación del año y el tipo de fauna por controlar condicionan también su actividad. Hernández comenta, sin embargo, que la profesión engancha: “Una vez empiezas, quieres pasar todo el tiempo con las aves”. Ya decía el emperador germánico Federico II que “es preciso que el halconero se dedique en cuerpo y alma a su profesión, que no tenga ningún vicio, que se ocupe de sus aves con un cuidado exquisito, que posponga incluso, en caso de necesidad, los cuidados que debe a su propia persona a los de las rapaces, que reflexione constantemente sobre su trabajo con el fin de inventar los mil y un procedimientos, esos innumerables artificios que es preciso aplicar para saber solucionar cualquier problema.”
Fue ese tipo que no conoces, Félix Rodríguez de la Fuente, quien impulsó esta práctica en los aeropuertos en 1968, al ser requerido por el personal de la Base Aérea de Torrejón para despejar de aves el aeródromo. Hoy la empresa de su viuda se encarga de controlar las aves en el aeropuerto de Barajas.

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Aunque Hernández afirma que no hay un mercado muy amplio para los halconeros, sí hay muchas actividades que ellos y otras empresas realizan: además de en el aeropuerto, trabajan en grandes superficies donde puede haber bandadas que controlar, desde campos de fútbol o de golf o vertederos hasta naves industriales. También, con experiencia, los halconeros entrenan aves para particulares, dan clases de cetrería e incluso forman e informan en el colegio sobre esta actividad, fomentando también el respeto por la naturaleza. Por hacer, Falcon Al-Andalus ha hecho hasta anuncios publicitarios, por lo que el entrenamiento de aves para el cine puede ser una fuente de ingresos adicional, como los mercados medievales o las exhibiciones. Y se dedican a criar a sus “obreros” los halcones, porque cada uno suele tener un equipo propio que le obedece a él. Sobre los peligros de trabajar con estas rapaces, Juan Jesús los reduce a algún arañazo, que suele ser por imprudencia del halconero. Eso sí, el trabajo con otras aves, como águilas, requiere mucha más experiencia.
Para ser halconero (o halconera, que aunque pocas, hay también alguna mujer y el sexo no es determinante para dedicarse a esto), conviene tener formación en Biología o Zoología y conocimientos de cinegética y ornitología. Ah, y pasión. ¿Te animas?

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