El Global Teacher Prize es considerado el Nobel de la educación. Lo otorga la Fundación Varkeys y ha incluido entre sus candidatos a recibir el premio al profesor aragonés César Bona.

César es uno de esos maestros que dejan huella. Y su marca va más allá de lo que deja en los corazones de sus alumnos porque consigue traspasar la comunidad en la que enseña y transformarla. En las clases de César sus alumnos/as se suben a la mesa tipo El club de los Poetas Muertos y desde ahí disertan sobre un tema. Es una forma de trabajar una de las habilidades que más cuestan en las aulas y en general en la sociedad española, que es hablar en público. Los alumnos de César han sido capaces de hablar sin papeles en el congreso de los diputados defendiendo el amor y respeto por los animales. Una habilidad fundamental para los retos de la edad adulta. Otra de sus propuestas educativas consiste en asignar un papel de relevancia social a cada alumno del aula. Jueces, abogadas, historiadores. Estos papeles son intercambiables porque es muy importante ponerse en la piel de los demás para desarrollar la empatía en un mundo donde se convive con diferentes formas de pensar. Algo crucial para ser ante todo una “buena persona”, en sus propias palabras.

Técnicas de aprendizaje fuera de lo común

La creación y participación en una obra de teatro permitió que una serie de niños que todavía no sabían leer con 10 años encontraran la motivación para aprenderse el papel y poder representar la función. Este profesor cree que la motivación se trabaja desde la implicación del alumno en el desarrollo de su propio aprendizaje a través de métodos innovadores que dejan “en el suelo” los libros de texto que obligan a una actitud pasiva. “Las competencias están metidas con cuña y es raro que se sientan libres en la escuela. Los libros de texto ya no son la ventana al mundo, son una mochila”, argumenta. En clase de este profesor, se trabaja por grupos donde se fomenta la capacidad investigadora, la negociación o la toma de decisiones. La colaboración para conseguir un objetivo común prepara para un futuro cada vez más interconectado. Otra de las bazas que se juegan en clase de César es que todos podemos enseñar. Él mismo recibió clases de cajón flamenco por parte de uno de sus alumnos. La utilización de medios y herramientas que nos levantan del pupitre, como el rodaje de un corto para mostrar cómo se vivía a principios del siglo pasado o la creación de una asociación virtual de defensa de los animales llevada por niños, son otros de sus logros como docente.

La importancia de la labor de profesores que, como César Bona, creen en el poder de la motivación para que el entorno no nos arrastre y defender lo que somos y pensamos es que estas habilidades y capacidades se fraguan en la infancia. Aprender de esta forma ayuda a sacar a flote competencias dormidas o trabajar habilidades poco desarrolladas. Esta inspiración nos permite sacar lo mejor de nosotros mismos en muchos ámbitos de la vida.

La educación es “mucho más que meter datos en la cabeza” para este profesor. “En alguna de nuestras aulas está el futuro presidente del Gobierno, el futuro líder de una empresa global… Si no les enseñamos empatía y sensibilidad, algo falla”, explica.

Este premio se celebrará en Dubai en el Foro sobre la Educación y las Competencias en marzo de 2015. El premio valora aspectos como el reconocimiento por parte de una comunidad más amplia que las propias aulas, que las prácticas de enseñanza sean instructivas, innovadoras y eficaces, que se incentive en otros la labor docente y que se hayan desarrollado y compartido ideas de liderazgo innovadoras y mejorado el acceso a una enseñanza y aprendizaje de calidad para niños y adolescentes de todo tipo de contexto.

Para César Bona, es importante este reconocimiento por la importancia que la labor de maestros y profesores tiene en los ciudadanos/as del futuro. Y del presente, “los niños no son solo los adultos del futuro, también son los habitantes del presente y han de poder expresar lo que piensan”.