El de personal shopper, asistente de compras personal, es uno de esos trabajos soñados que conjugan hobby y profesión. Asistir a otros en qué ropa o qué artículos adquirir en una o varias tiendas puede resultar atractivo. Otra de sus ventajas es el acceso a una formación adecuada, que en este campo es algo relativamente sencillo. Pero también cuenta con algún que otro inconveniente.

Y es que, aunque se trata de una profesión relacionada con la moda, no está tan protegida por una industria propia. No se puede decir que sea un trabajo de oficina, que permite hacer contactos y saltar de una empresa a otra. Para bien y para mal, el futuro de un personal shopper está tan relacionado con el de un autónomo como con el de un trabajador por cuenta ajena. Por eso sus salidas profesionales en muchas ocasiones van a depender de la destreza del propio profesional por conseguir sus propios clientes. Aunque existen, no es tan común como en otras áreas encontrar empresas que recluten a este tipo de trabajadores y que promocionen su actividad.

Es cierto que se puede trabajar para una firma de moda, unos grandes almacenes u otra empresa de servicios, pero también es muy normal que muchos profesionales tengan que actuar como freelancers. Y hablar de autónomo significa hablar de libertad de horario, pero también de jornadas laborales caóticas, un modo de facturación y cotización muy particular, menor estabilidad en cuanto a ingresos y gastos… Además hay que abrirse paso en un mundo donde conviene conocer y ser conocido por el resto de empresas dedicadas al sector.

Comprar, aunque sea para otros, puede ser para muchos un placer, pero el personal shopper es también un profesional que se expone como pocos a los inconvenientes de los llamados empleos “de cara al público”. Se tiene que contentar a clientes en un campo que se antoja de lo más caprichoso y además hay que hacerlo de manera individual. Si la propuesta o proyecto no convence al que ha contratado el servicio, cualquiera que sea la razón para ello, la responsabilidad de ese fracaso recae sobre una sola persona y no sobre un equipo creativo, como puede ocurrir en el mundo del márketing o la publicidad. Este es un factor importante en una actividad que depende tanto del boca a boca.

Saber combinar colores y ser adicto a las compras no es suficiente para convertirse en personal shopper. Por eso, además de los cursos de postgrado y escuelas habilitadas para obtener una formación oficial, se exige un reciclaje permanente de disciplinas y aptitudes. Nunca estará de más procurarse a uno mismo una formación complementaria relacionada con el trato personal al cliente, como pueden ser cursos de protocolo, de comunicación no verbal e incluso de idiomas centrados en la terminología del ámbito de los negocios y de la moda que actualice lo aprendido inicialmente.

 

——————-

 

Imágenes: The Personal Shopper School www.psschool.es