La crisis nos deja muchas historias dramáticas. No solo entre quienes han sido despedidos, quienes viven en una casa donde nadie tiene trabajo o entre quienes han sido despedidos y ya no tienen edad como para volver a encontrar acomodo fácilmente. Hay gente que, pese a poder encontrar trabajo, tiene que sufrir en sus propias carnes condiciones laborales extremas. Por suerte no es la tónica general, pero hay empresas y empresarios que aprovechan la crisis para apretar las tuercas a sus empleados.

La crisis económica es una crisis global. No porque afecte a todos, sino porque afecta a todo. También a los derechos laborales. ¿Cuántas situaciones extremas has conocido en estos años? Compañeros que no piden bajas por miedo. Horas extras sin pagar ni reclamar. Vacaciones no disfrutadas. Reducciones salariales. Todo se tolera por miedo al despido, esa espada de Damocles que todos tenemos sobre la cabeza. Hay casos que son iniciativas consensuadas y llevadas a cabo con los responsables de la empresa, en un esfuerzo conjunto por sacar todo adelante. Pero hay casos en que los recortes y las penurias los padecen solo algunos.

El último extremo, la del despido, tampoco está exento de sacrificios. La reforma laboral recientemente aprobada permite despedir pagando mucho menos al trabajador y con un límite de años mucho más reducido. Despedir ahora no sólo es más barato, sino más fácil: basta que tu empresa reduzca beneficios para que puedan acogerse a esta nueva vía.

La cosa es tan complicada que hay, incluso, quien paga por trabajar. Porque ¿qué es si no un máster privado de una empresa concreta que solo contrata a quienes lo cursan? ¿Qué pasa cuando la única forma que tienes para entrar en una compañía determinada es pagar miles de euros para que te formen? Pero ni siquiera eso te lo garantiza: entre todos los alumnos seleccionarán a algunos para incorporarse -como becarios-, y luego ya veremos.

Eso no es una exclusiva de los másteres de empresas privadas. Hay algunos impartidos por escuelas que están pensandos para formar trabajadores para determinadas compañías. Pasar por sus aulas casi garantiza un puesto de trabajo, pero ¿es justo tener que pagar miles de euros para poder optar a una silla en determinadas empresas? Porque si esos cursos tienen una nota de corte es, precisamente, la de la cuenta corriente de quien se matricula. Baratos, lo que se dice baratos, no son.

En los últimos años también se ha generalizado la contratación de lo que se ha dado en llamar ‘falsos autónomos’. Hay empresas que te contratan para que trabajes, pero que te exigen que seas autónomo. Eso implica el pago de más de doscientos euros al mes y no tener cotización para desempleo, pero se supone que al menos tiene la ventaja de ser tu propio jefe, dirigir tu propio producto y poder trabajar fuera de una oficina. Pero no. Eres un trabajador más, con un horario marcado y con un jefe de toda la vida, pero pagando para trabajar. A la empresa le sales gratis más allá de tu salario, y si te despiden no tendrás paro. Porque sí, el anterior Gobierno aprobó un fondo para que los autónomos cobraran el paro, pero que levante la mano quien haya podido cobrarlo en condiciones y sin problemas dada la letra pequeña de la legislación que lo rige.

¿Te parece poco frecuente? Según el Instituto Nacional de Estadística, de las 3.250.576 empresas que había en España hace un año, 1.795.321 de ellas no tienen asalariados. Es decir, si descuentas las sociedades instrumentales, son autónomos. Traducido, más de la mitad de las empresas de este país son personas individuales ¿Cuántos de ellos estarán trabajando en situación irregular dentro de una empresa? Imposible saberlo, lógicamente. Pero seguro que tú conoces alguno.

Y eso sin contar el enorme número de becarios, recién licenciados o estudiantes, que hacen prácticas cobrando menos de lo que les cuesta ir a trabajar. Porque la gasolina, el transporte, el tiempo y la mano de obra también valen dinero.

¿Y tú? ¿Has tenido que pagar por trabajar? ¿Conoces a algún falso autónomo? Cuéntanos tu caso

 

 

Imagen: susivih bajo licencia CC