Los contratos se estructuran en distintas cláusulas que conviene mirar con atención. Algunas de ellas son comunes al tipo de contrato; sin embargo, otras dependen del puesto y de la empresa para la que se trabaje. A estas últimas pertenece la de no competencia poscontractual, una condición que suele estar asociada a un puesto especialmente cualificado, que ha recibido una formación costosa pagada por la empresa o que tiene responsabilidad y acceso a información valiosa para el mercado.

¿En qué consiste el pacto de no competencia poscontractual?

El principal cometido de esta cláusula contractual es obligar a la persona contratada a no competir de manera desleal con la empresa que la emplea. Aparece regulada en el artículo 21 del Estatuto de los Trabajadores, donde se establecen las condiciones de validez y algunos aspectos sobre su forma.

Este tipo de pacto se puede acordar en cualquier momento de la relación laboral, no tiene por qué fijarse desde el principio. Sin embargo, hay un aspecto importante que se debe tener en cuenta, el tiempo de aplicación. No puede exceder de dos años, ese es el máximo fijado. En el caso de que el personal al que afecta sea ordinario y no técnico, el límite es mucho más bajo, de seis meses.

Además deben especificarse dos condiciones. Si no aparecen detalladas las dos en el contrato, un juzgado podría anular la cláusula:

  • Determinar el interés industrial o comercial de la empresa. En concreto, se ha de estimar el perjuicio que resultaría para la empresa el que la persona contratada rompiera el pacto.
  • Establecer la compensación económica. Debe especificarse una cuantía y que esta sea “adecuada”, según dicta el Estatuto de los Trabajadores.

Qué es la cláusula de no competencia

¿Qué consecuencias tiene romper este pacto?

Un contrato se firma entre dos partes y cualquiera de las dos puede incumplirlo. Es decir, el pacto de no competencia puede romperse tanto por parte de la empresa como por parte de la persona contratada.

  • Si la empresa no cumple con las condiciones que se han especificado, principalmente con el pago asociado al pacto de no competencia, la persona trabajadora podrá reclamar daños y prejuicios. Además, la cláusula quedará inmediatamente rescindida. La compensación que tendía que abonar la empresa sería la de la cantidad establecida en el tiempo correspondiente a un año.
  • Si es la persona trabajadora quien incumple el contrato, también tendrá que ocuparse de resarcir a la empresa. Esto podría afectar incluso a personas que han pasado por un periodo de prueba y no resultan contratadas, la obligación sigue vigente por el tiempo que se haya establecido en el contrato. En el caso de hubiera creado una nueva empresa por su cuenta, el juzgado podría reclamar a la persona que rompe el acuerdo el cierre de esta.

En los contratos de alta dirección no es raro ver un añadido a la cláusula de no competencia en la que la empresa se reserva el derecho a romper con el pacto de manera unilateral. El Tribunal Supremo ha declarado nula esta condición por considerar que un acuerdo entre dos partes no puede rescindirse por la voluntad de solo una de ellas.