Llevas un tiempo que no sabes qué hacer, cómo lo quieres hacer. Pase lo que pase estás intentando llegar al éxito personal, pero tienes miedo a volar.

Muchas personas piensan en ideas como qué estudiar, qué trabajo puedo conseguir dinero y la cabeza empieza a dar vueltas en las salidas profesionales. El éxito no es ir a trabajar en el primer anuncio de oferta de empleo de tu municipio que encuentres de primeras para que luego acabes con efectos del burn out por el entorno del trabajo y consiguiendo una mala experiencia personal como profesional. Eso para nada es éxito, lo que quieres realmente es dinero fácil y es nadie te lo va a negar porque todo el mundo quiere dinero.

Las personas necesitan motivarse con objetivos alcanzables, metas que se puedan medir, pero la gran mayoría de las personas no paran de ponerse excusas como: no sé lo suficiente, la crisis, no tengo la experiencia que se requiere… el recurso que tienes más importante está en tu cabeza y necesitas tener una forma que puedas alcanzarla.

Las personas se paran en esta parte porque las ideas no se pueden producir en masa. No se generan solas en una habitación que está vacía. Si tienes una idea y lo persigues… las personas de tu entorno te van a decir que es imposible, que seas realista, hasta tú mismo “quieras” darte cuenta que eso no se puede hacer.

Todos los inventos que se han hecho… todas esas personas que lo han creado ¿han sido realistas? Si tú desechas esa idea y abres la puerta a tu “yo realista” estás aceptando y haciendo posible que la idea de imposibilidad se cumpla. No te dejes engañar que tener éxito es sólo tener una idea, llegar al éxito es también una pequeña inspiración tras mucho esfuerzo personal.

Tienes que saber distinguir entre el talento, que es con el nacemos y la habilidad, que es lo que determinas con muchas horas de dedicación. Si tus habilidades no consiguen desarrollarse, tu talento te va a fallar siempre y da igual cuánto talento dispongas porque muchas personas se acomodan en el talento que han adquirido y no llegan a tener éxito en su vida.

Las personas no paran a pensar en cuánto desean alcanzarlo, cuánto quiero llegar a la meta y cuánto estoy dispuesto a conseguirlo. Estas preguntas son las que vas a tener que recordar constantemente en tu cabeza.

Piensas que en el vas a tener una competencia brutal, mientras tú estés durmiendo o descansando, alguien va a estar trabajando en el mismo objetivo que te has planteado, si no estás dispuesto a hacerlo, simplemente no has sido sincero en ti mismo y esa meta que te habías propuesto no es la que quieres llegar, quizás no es el objetivo que querías llegar porque si lo hubiera sido, el esfuerzo hubiera estado rindiendo al máximo y estarías dispuesto a trabajar todos los días como si fuera el último día, como si tuvieras mucha gente gritándote lo que tienes que hacer.

Así que dejas de pensar que tienes mala suerte, deja de creer que el universo está en contra de que consigas algo o alguien que está dispuesto a hacer lo que sea para que no llegues a alcanzar esa meta. Porque todas las razones puede ser tanto verdad como mentira en la medida que tú lo permitas. Si quieres algo, haz todo lo que esté en tu mano en cada momento para conseguirlo. Se comenta que arriesgarse puede también perderlo todo, pero también puedes ganar un montón de cosas mejores que lo que puedes perder. Sal de tu zona de confort, deja de decir que “ya lo harás”, ayer era tarde. Ya tendrás tiempo después de volver para decir que lo has conseguido y decirlo a todos los que no creían en ti.

Nadie mejor que tú puedes decidir qué es lo que quieres hacer y qué es lo que vas a hacer y sobre todo tener mucha paciencia. Las superproducciones de Hollywood con sus pequeñas secuencias en las que pasan meses y que alguien consigue algo, ha conseguido que las personas piensen que las cosas se consiguen en tres días y si no lo has conseguido es que es señal de que lo tienes de que dejar porque la cosa va mal, las cosas requieren muchísimo tiempo de dedicación y muchísimo esfuerzo y como no esté dispuesto en hacerlo, te vas a quedar en esa mediocridad en pensar en “bueno, lo podría haber conseguido, pero jamás llegué”.

En un símil como ejemplo, intenta evitar en construir el mejor puente que jamás se haya construido, es mejor en pensar que tienes que colocar este ladrillo de la forma más perfecta posible y haces eso todos los días.