Hay quien se despierta todas las mañanas con el “no quiero ir a trabajar” o “quiero dejar mi trabajo” en la mente. Estas ideas no cruzan jamás el cerebro de un workaholic. Es alguien que se ha vuelto completamente adicto al trabajo y, como pasa con cualquier adicción, ha caído en ella sin proponérselo. Te ayudamos a detectar los síntomas para que empieces a ponerle freno a esta situación si los reconoces.

¿Soy workaholic? ¿qué me está pasando?

Hay muchos indicios que te darán la pista de que dedicas un tiempo excesivo al trabajo. No estamos hablando de que un día llegues más tarde porque has tenido que quedarte a terminar unas tareas, o incluso aunque tengas que hacerlo durante una temporada. Estamos hablando del que siente “la necesidad incontrolable de trabajar incesantemente”, tal como se define a la persona workaholic. Es decir, la sensación de que hay tareas pendientes es indefinida, nunca se considera que el trabajo ha concluido.

Se dice que existe un perfil de adicto al trabajo. Tenerlo no te aboca irremediablemente a contraer esta dependencia, pero hay una mezcla explosiva: añadir a ese perfil una temporada de estrés laboral. Si tiendes a ser competitivo, impaciente, te cuesta aceptarte salvo en el trabajo, eres perfeccionista y te sientes culpable si te diviertes porque no estás haciendo algo “productivo”, tienes muchas papeletas para caer en una adicción al trabajo. Presta especial atención a los periodos de estrés y no te dejes llevar, pon un límite en el tiempo.

Existen herramientas muy prácticas para detectar si eres workaholic. Están las 15 preguntas que propone la asociación estadounidense Workaholics Anonymous, creada en 1983, o la Bergen Work Addiction Scal, planteada a partir de un estudio a 12.000 trabajadores noruegos. Tienen en común preguntas sobre la vida cotidiana para que una persona se autoevalúe y sea capaz de determinar si padece este síndrome. Para que te hagas una idea, son del tipo “¿piensas en el trabajo cuando conduces, cuando te estás quedando dormido o cuando los otros están hablando?” o “¿han dañado tus horarios de trabajo tus relaciones con la familia u otras relaciones?”, o bien “¿piensas en cómo podrías liberar más tiempo para dedicarlo al trabajo” o “¿te estresas si te impiden trabajar?”… ¿Te resultan familiares?

adicción al trabajo

Tres útiles consejos para acabar con la adicción al trabajo

Si tienes síntomas claros de ser workaholic, seguro que te has dado cuenta de que no es una cuestión de saber organizarse el trabajo, tal como a veces apuntan equivocadamente los que te rodean o tú mismo. El trabajo seguro que lo organizas bien, lo que conviene ordenar es el resto del tiempo que no trabajas y dedicarle más horas:

  • Aplaza. Reduce tu jornada a un horario “humano” y trata de cumplirlo escrupulosamente. Si no llegas a los objetivos, intenta buscar otra solución que no sea aumentar las horas que te pasas trabajando. Localiza qué es lo que se puede aplazar y no pienses en ello hasta que no llegue el momento.
  • Delega. Siempre es posible encontrar la forma de delegar. Lo más práctico para tus intereses, no solo para tu salud, es buscar la manera de que se lleven a cabo tareas a pesar de que tú no estés o no puedas supervisarlas. Si te ves obligado a faltar algún día, habrá recursos para que salga el trabajo adelante. Esta actitud te llevará además a poder solucionar el primer paso, reformular tus horarios y cumplirlos.
  • Disfruta. Si tienes un perfil como el que se ha descrito más arriba, retomar un hobby o una afición puede ser la solución a no ser workaholic, pues repartes el interés por conseguir una meta, tus ansias de perfeccionamiento y de hacer algo “productivo” y te puedes autorreconocer en una actividad que no es el trabajo. Trata de estar presente en cada momento, si estás con tus amigos, no traslades tu cerebro a la oficina. Un poco de mindfulness puede ayudarte a conseguirlo.