Por si no lo habías notado en el bolsillo ya te lo dice la OCDE. El coste de la vida se ha incrementado por encima de los salarios en estos últimos años. Una de las causas principales que señala el informe Bajo presión: la clase media exprimida presentado por este organismo internacional la semana pasada, es el encarecimiento de la vivienda. Y aporta un dato revelador: en los años noventa los ingresos familiares destinados a pagar la vivienda suponían un cuarto de la renta. Actualmente se destina de media de una tercera parte de los ingresos a esta partida del presupuesto familiar.

Este sería uno de los ejemplos que ilustran el incremento de la desigualdad en la distribución de la riqueza, las personas ricas han seguido engrosando su patrimonio. Este hecho está provocando que el número de personas que componen la clase media se esté reduciendo. Cada vez más millenials salen fuera de esta clasificación socioeconómica para descender al escalón inferior, según los datos que maneja la entidad.

El riesgo de automatización se incrementa en los empleos de la clase media

Las perspectivas del mercado laboral tampoco son alentadoras. Según el documento, el trabajo que realiza 18% de los trabajadores con ingresos medios corre un riesgo de automatización muy próximo al que corren los trabajos de las personas con menores rentas, esto es un 22%. Y lejos del peligro de automatización que corren aquellas profesiones de altos ingresos, solo un 11%.

La OCDE alerta sobre el riesgo que supone que la desigualdad se extienda por las nefastas consecuencias que traería consigo para el futuro. Algo parecido expresó en su día un asesor del equipo del entonces presidente estadounidense, Barack Obama. Este consejero apuntó que los beneficios que trae consigo una sociedad más equitativa contribuye al progreso de las generaciones posteriores. Él lo llamó la curva del Gran Gatsby, haciendo alusión a la novela en la que se narra la forma en la que llegó a ser millonario un joven durante los años veinte del siglo pasado.

La desigualdad actual crea menos oportunidades en las generaciones futuras

Este gráfico pone en relación la movilidad social con la desigualdad existente en un país. La movilidad social define la capacidad de las generaciones de mejorar sus condiciones de vida materiales respecto a la generación precedente, la de sus padres. La otra variable, la desigualdad, se presenta a través del coeficiente GINI, una medida habitualmente utilizada para calcular la distribución de la riqueza en un territorio o la diferencia de ingresos que obtiene su población.

La curva de Gatsby trata de evidenciar la idea de que cuanto peor repartida está la riqueza en un país, menores son las oportunidades que se ofrece a las generaciones venideras de prosperar. Por ejemplo, en países como Dinamarca con unos de los índices GINI más bajos del mundo solo el 15% de los ingresos de un adulto dependen de la riqueza de sus padres. Por el contrario, en Perú casi el 70% de los recursos de un adulto tienen que ver con el legado de sus progenitores. Lo que supone tener escasísimas oportunidades de salir del círculo de la pobreza.

Mayor inversión en capacitación y protección laboral

Y parece que el informe de la OCDE enfoca en esta dirección. Los millenials, la generación nacida en los 80, tienen menos probabilidades de pertenecer a la clase media que sus padres, los baby boomers. El 68% de la generación de los padres pertenecían a la clase media cuando tenían veinte años frente al 60% de los millenials a su misma edad.

Las rentas del empleo son los principales (y en la mayoría de los casos únicos) ingresos de las clases medias. La inestabilidad en el empleo representada por la temporalidad afecta cada vez más a empleos de la clase media por lo que este organismo propone para revertir esta situación una mayor inversión por parte de los estados, en educación y capacitación profesional así como protección laboral para este tipo de empleos inseguros.

Son en gran medida estas generaciones de baby boomers quienes han sostenido el sistema con sus recursos, sobre todo durante la crisis. Han contribuido en muchos casos al mantenimiento de los más jóvenes con sus pensiones.

La pensión media ya supera los 1.000 euros en doce provincias españolas. Durante la crisis estos ingresos han supuesto la salvación de muchos hogares. Y siguen suponiendo en gran apoyo tanto en ingresos como en el cuidado de la siguiente generación.