Un 31% de los trabajadores españoles de entre 25 y 54 años tiene un nivel de formación por encima del que le exige su empleo; la media europea se sitúa en el 19%. Según los últimos datos de Eurostat, España es el país de la Unión Europea con mayor tasa de sobrecualificación (se trata, sobre todo, de titulados universitarios y de FP de grado superior), seguida de Irlanda (29%), Chipre (27%), Bélgica (22%), Bulgaria (21%) y Austria (21%).

Donde menos se da este fenómeno es en República Checa (7%), Eslovenia (7%), Rumanía (9%) y Eslovaquia (10%). Alemania o Reino Unido (20%), Francia (19%), Italia (13%), Suecia (11%) se encuentran en la mitad de la tabla. Este análisis de la oficina de estadística de la UE se basa en cifras de 2008, y es de prever que la sobrecualificación haya crecido en España estos tres años de intensa crisis, un paro de más del 20% (de un 45% entre los jóvenes) y mucha gente que ha vuelto a retomar los estudios.

De acuerdo, existe un desfase; el nivel educativo ha aumentado, pero el mercado laboral no ha avanzado al mismo ritmo. Y ahora, ¿qué? Hay quien toma por la calle de en medio y se marcha de nuestro país. Es una posibilidad. Y hay quien decide aspirar a un puesto de trabajo por debajo de su cualificación. Entre los segundos existe la tentación de elaborar un Currículo B, sin títulos, temiendo que, si lo cuenta todo, la empresa no lo contratará por el riesgo de que se marche a las primeras de cambio. Los expertos calculan que entre un 5% y un 10% de los parados de larga duración incurren en esta práctica. No la aconsejan, porque reduce las posibilidades de promoción del candidato; y porque, si se descubre, generará desconfianza entre los empleadores.

En su lugar, los responsables de recursos humanos recomiendan adaptar, sin falsear, el CV a cada puesto de trabajo, y buscar en la trayectoria académica, formativa o profesional, aquellas habilidades, experiencias, que aporten valor. Solo como ejemplo: un licenciado en psicología que quiera trabajar como teleoperador podría resaltar lo bueno que es comunicando y en el trato con la gente. Un novato cualificado podría destacar su motivación, sus ganas de aprender y crecer a partir de posiciones bajas o intermedias. Los departamentos no son estancos y las grandes compañías pueden ofrecer posibilidades de promoción. Esconder la formación superior como si fuera un pecado quita riqueza a la mochila del aspirante, coinciden los expertos, que insisten en que ellos no van a la caza de currículos sino de personas, mentes, competencias que aporten al equipo. Y el paso por la Universidad abre la mente, fomenta la disciplina, el esfuerzo.

En cualquier caso, los envíos masivos de CV clónicos a cientos de empresas no son efectivos. Conviene investigar un poco sobre el destinatario y afinar en aquellos aspectos que más se ajusten a la demanda. Un pequeño párrafo, en plan ‘lead’ periodístico, ayudaría a dejar claro por qué el candidato es la persona idónea para ocupar el puesto: idiomas, estancias en el extranjero, competencias digitales.