Howard Gardner tiene multitud de premios. Si uno lee su galería de honores se encuentra con que, además de ser profesor de la conocida Harvard, ya en 1981 recibió una prestigiosa beca MacArthur, siendo su último gran galardón el premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en 2011. Por el camino ha escrito 28 libros, casi tantos como las 29 universidades que se han rendido a su sapiencia concediéndole doctorados honoris causa. Y todo gracias a su teoría de las inteligencias múltiples, una crítica a la idea de que solo existe un tipo de inteligencia humana.

Desarrollado en los 80, este conjunto de pensamientos ve la inteligencia como “la capacidad de resolver problemas o un modo en que los productos son valorados en más de un sentido cultural”, pretendiendo formar un corpus con el que evaluar toda la capacidad humana, desde la típica maestría matemática o lingüística a las habilidades sociales, ultra importantes en la vida real.

Inteligencia lingüística: Es la sensibilidad hacía el lenguaje escrito y hablado, la capacidad para aprenderlo y usarlo para lograr determinados objetivos. Implica la habilidad para expresarse retórica o poéticamente. Escritores, poetas, abogados o comunicadores la tienen muy desarrollada.

Inteligencia lógico-matemática: Es la habilidad de analizar problemas de manera lógica, llevar a cabo operaciones matemáticas e investigar según el método científico. Evidentemente asociada con los científicos y los matemáticos, implica la capacidad de reconocer patrones y razonar deductivamente.

Inteligencia musical: Implica la capacidad de ejecutar, componer y apreciar los patrones musicales. Según Gardner, es un tipo de inteligencia que va estructuralmente paralela a la lingüística.

Inteligencia corporal: Es el potencial de una persona para usar una o más partes del cuerpo para resolver problemas. Puede ser artística, como la danza, o competitiva, como el deporte.

Inteligencia espacial: Como su nombre indica, consiste en reconocer y usar patrones en espacios abiertos y cerrados. Se aplica a la navegación y al uso de mapas o en la visualización de un objeto desde un ángulo diferente. Los arquitectos y los diseñadores de interiores son profesionales tipo que desarrollan esta capacidad.

Inteligencia interpersonal: Es relativa al entender las intenciones, motivaciones y deseos de otras personas. Permite el trabajo en equipo y son los educadores, los comerciales, los líderes políticos y religiosos quienes mejor uso pueden hacer de ella.

Inteligencia intrapersonal: Conocerse a uno mismo es importante para una experiencia vital sana, apreciar los propios sentimientos, ser capaces de evaluarnos de manera objetiva y trabajar en tener un modelo real de a dónde se quiere llegar.

Inteligencia natural: Es la habilidad para comunicarse con la naturaleza, el entender el entorno y observar de manera científica el medio. Clave en disciplinas como la biología, geología o astronomía.

Todos los seres humanos poseen los ocho tipos en diferente grado y, según Gardner, todas son igual de importantes. Su teoría marcó un antes y un después en los sistemas escolares, que empezaron a plantearse desarrollar cambiar sus modelos para enfatizar todos los tipos de inteligencia y no solo como venía sucediendo hasta los años 80, en las dos primeras de la lista. No en vano, en 2005 y 2008, entró en el compendio de los 100 intelectuales más influyentes del mundo que realiza la revista Foreign Police. Para eso seguro que hay que dominar más de tres tipos de listura.