La nueva reforma laboral, aprobada a principios de año, deja un aparente galimatías de 16 contratos de trabajo. Solo aparente. En la práctica, realmente se utilizan no más de seis o siete, según coinciden los expertos. Los analizamos, junto con las principales novedades.

Indefinido de apoyo a los emprendedores. Podemos decir que el mercado se divide entre indefinidos y temporales. Dentro de la primera categoría, el nuevo decreto ha dejado tal cual el contrato indefinido ordinario y ha sustituido el de fomento de la contratación indefinida por uno de nuevo cuño que ha llamado contrato de trabajo por tiempo indefinido de apoyo a los emprendedores. En realidad se pueden acoger a esta posibilidad empresas con menos de 50 trabajadores, lo que es lo mismo que decir el 98% del tejido empresarial español. El contratado se incorpora a una jornada completa, y “podrá voluntariamente compatibilizar cada mes, junto con el salario, el 25% de la cuantía de la prestación que tuviera reconocida y pendiente de percibir”. Además, se someterá a un periodo de prueba de un año, durante el cual, el empleador puede prescindir de él, en cualquier momento, sin esgrimir causa del despido, sin control judicial y sin tener que soltar indemnización alguna. Muchas pymes están utilizando esta fórmula para reclutar trabajadores temporales.

Contratos temporales. España tiene una tasa de temporalidad del 23,7%, de las más altas de Europa. En caso de despido, los temporales tienen nueve días por año trabajado, que serán 12 para los contratos que se firmen a partir de 2015. Esta modalidad apenas se ha tocado. Siguen existiendo los eventuales, para cubrir un pico de la producción, y los de obra y servicio, para acometer un trabajo o labor distintos a los normales en una compañía. Hoy por hoy, el empresario tiene la opción de encadenar uno con otro, sine die, aunque el Gobierno ha anunciado que a partir del 1 de enero de 2013 establecerá un tope máximo de 24 meses. Salvo para los de interinidad (que durarán “mientras subsista el derecho del trabajador sustituido a la reserva de su puesto; o el tiempo que dure el proceso de selección o promoción para la cobertura definitiva del puesto”), de relevo (“para sustituir a un trabajador que accede a la pensión de jubilación de forma parcial”) y de formación, entre otros.

Contratos formativos. Un joven de hasta 25 años (hasta 30 mientras el paro supere el 15%, sin límite de edad en el caso de una persona con discapacidad, en riesgo de exclusión social o participante en un proyecto de empleo y formación) y sin cualificación puede firmar un contrato para la formación y el aprendizaje, y, esto es novedad, concatenar varios siempre que lo que aprenda y la labor que desempeñe sean distintos. En paralelo, los titulados tendrán acceso a un contrato en prácticas (este sí con fecha de caducidad de 24 meses), con un sueldo, por Ley, no inferior al 60% el primer año (al 75% el segundo) de lo que cobra un compañero en el mismo puesto, y nunca menor al salario mínimo interprofesional. Diferente a un convenio de prácticas, para estudiantes, que no tienen relación laboral con la empresa, ni estatuto, ni desarrollan un trabajo sino una actividad académica, al menos teóricamente.

Contrato a tiempo parcial. “Cuando se haya acordado la prestación de servicios durante un número de horas al día, a la semana, al mes o al año inferior a la jornada de trabajo de un trabajador a tiempo completo comparable”. Ahora sí se permiten las horas extraordinarias (antes solo podían realizar horas complementarias) en esta modalidad.

Trabajo a distancia. Entra en el catálogo aunque con una definición muy vaga: tendrá tal consideración aquel en que “la prestación de la actividad laboral se realice de manera preponderante en el domicilio o en el lugar libremente elegido por el trabajador, de modo alternativo a su desarrollo presencial en el centro de trabajo”.