Raúl Santana tiene más empleados que años. Con tan solo 19 cambió los cromos por tarjetas de visita y los botellones por coktails after work. Sin embargo, mantiene la ilusión y la sencillez propia de su edad. Raúl es el fundador de Clock Technology, una empresa especializada en tecnología de radiofrecuencia afincada en Málaga. Forma parte de un reducido club, los niños del boom tecnológico. Empezaron en esto de las start ups cuando apenas eran unos adolescentes, vencieron los clichés que nos recuerdan que el nuestro no es un país de emprendedores y triunfaron a base de esfuerzo y constancia. Esta es su historia.

“Empezamos como quien no quiere la cosa, y poco a poco fuimos creciendo” rememora Raúl con humildad. Aunque parezca que haya pasado una vida, fue solo hace seis años cuando decidió dejar definitivamente las aulas de la facultad y empezar a trastear con viejos aparatos electrónicos en el garaje de su abuelo “la universidad no era para mí” recuerda ahora, “demasiada teoría”. A su madre no acabó de convencerle esta decisión pero en pocos meses pasó a ser una de las primeras empleadas de Clock Technology.

Estos inicios precoces recuerdan a los de grandes de la tecnología como Steve Jobs o Bill Gates, pero el país donde transcurre la historia es bien distinto. España, a diferencia de EE.UU., no tiene fama de ser un buen lugar para emprender.“Aquí no hay cultura empresarial, tenemos metida esa mala imagen del empresario”, comenta Raúl. “También faltan ganas de arriesgar. Si te mueves puedes ganar, pero hay que darlo todo. Miras la lista Forbes y los primeros puestos los ocupan los dirigentes de empresas tecnológicas que distribuyen en todo el mundo. Hay que exportar, tenemos que romper ese handicap”, sentencia convencido.

Según el Informe ATA elaborado por la Federación de Autónomos españoles con datos de Eurostat, tan solo el 4% de los jóvenes españoles de entre 18 y 30 años es autónomo, un porcentaje muy inferior al 11,4% de Italia o al 9,5% de Grecia. Daniel Muñoz, responsable de jóvenes emprendedores de ATA, achaca estas malas cifras a la falta de cultura emprendedora. “En la formación profesional o en las carreras no se recibe formación sobre cómo emprender, sobre cómo crear tu propia empresa”, asegura.

Jóvenes como Raúl Santana suplen esta falta de formación con esfuerzo. Como él mismo resume, ha llegado hasta aquí “trabajando una ‘jartá’” pero no por ello considera que haya renunciado a su juventud ni que se haya saltado una etapa de su vida. Además, está convencido de que el mundo empresarial es “mucho más entretenido” que el universitario.

Sabe de lo que habla. Raúl lleva siendo empresario desde los 19, exactamente los mismos años que tiene ahora Javier Agüera, que fundara su empresa hace ya tres años. Y no creó cualquier empresa, sino Geeksphone, la primera en Europa en fabricar smartphones de Android. Lo hizo de la mano de su socio, Rodrigo Silva Ramos, que aportó su edad y experiencia como autónomo a esta aventura. Sin embargo, como reconoce Javier, los retos a los que se enfrentaba un emprendedor antes no son muy distintos a los de ahora: “Al final, la clave sigue siendo diferenciarte del resto y proponer algo diferente que sea viable económicamente.”

Su idea inicial era montar una tienda de teléfonos pero Javier y Rodrigo vieron un filón en la fabricación de terminales Android y se lanzaron a ello, a pesar de la crisis que ya se estaba echando encima. Desde la Federación de Autónomos, Daniel Muñoz parece darles la razón: “A pesar de la crisis, hay sectores que sí crecen. Hay motivos para la esperanza y oportunidades de negocio que funcionan.” Geeksphone parece ser uno de ellos. En estos tres años no sólo han aguantado sino que están empezando a crecer y el Instituto Tecnológico de Massachussets, acaba de reconocer a Javier Agüera como uno de los 10 jóvenes innovadores más importantes de nuestro país.

Otro de los ganadores de este premio, Pau García-Milà, se ha convertido en todo un referente para los jóvenes emprendedores tecnológicos. Este catalán de 24 años se permitió decir ‘no’ a la red social Twitter cuando buscaban socios, algo que ahora Pau reconoce como un gran error. Pero la filosofía de este joven empresario consiste en levantarse y aprender de sus errores. Ahora sigue enfrascado con otra red social, Bananity, y con su producto estrella, su empresa EyeOS de almacenamiento de datos en la nube. Pau ha contado su historia en programas de televisión y en sus dos libros Optimismamente y Está todo por hacer, pero, para aquellos que no la conozcan, merece la pena contarla una vez más. Con 18 primaveras, Pau iba a casa de un amigo a trastear con el ordenador. Como era un chico despistado, muchas veces se olvidaba su usb en casa con documentos importantes que necesitaban utilizar. La casa de Pau y la de su amigo estaban separadas por una enorme cuesta con lo que cada despiste de Pau se saldaba con una larga caminata. Así que los dos amigos crearon un sistema para almacenar documentos en el ciberespacio, un sistema a prueba de despistes que años después han creado empresas como Apple, anunciándolo como el futuro de internet.

Son tres historias, tres ejemplos de una realidad que no solo se da en los garajes de Silicon Valley sino en los apartamentos de cualquier ciudad española. Las circunstancias son adversas, pero sus ganas son más fuertes. Como asegura Javier Agüera, “no tenemos nada que envidiarles en el sentido de captación y formación.” Puede que en España no haya un lugar como Silicon Valley. Puede que lo importante no sea el lugar sino las personas, y las historias de estos tres jóvenes nos recuerdan que, en ese sentido, vamos por el buen camino.

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