José Manuel Rodríguez dice odiar la acepción ‘community manager’, proponiendo usar el término creado  por The New York Times,  ‘editor de medios sociales’. Sin importar el nombre, este donostiarra de 35 años define el trabajo como ser “el embajador de la empresa o el medio ante los lectores o usuarios, hacer de bisagra y promover el flujo de información de un lado a otro de forma proactiva y provechosa para ambas partes”. Con ya más de cuatro años de experiencia, ha pasado por lainformación.com, formado su propia consultoría y ahora es el editor de medios sociales, como dicen en la Gran Dama Gris, de El Confidencial.

“Lo primero que se aprende en este trabajo es que la gente tiene el control”, explica al teléfono desde Madrid; “es la que dispone, hace lo que considera, y tú no tienes un control sobre la conversación en sí”. Para tratar de conectar y contentar a este público “soberano”, Rodríguez propone dar perspectivas sobre tu medio o tu marca, pero teniendo claro que “al final la gente determina lo que piensa de la cosas” y el editor de medios sociales no puede hacer nada “más allá de la censura de los comentarios de la gente”.

Esto abre la puerta a los trolls, argot de internet para definir a la persona que usa mensajes provocativos o irrelevantes en una comunicación en línea, para causar una reacción airada y que el resto de usuarios se enfrenten entre sí o le insulten, desviando la conversación del tema original. “La mejor forma de tratarlos es ignorarlos”, sentencia, recomendado “echarlos” si se domina el entorno o, si es una plataforma externa como Twitter, pasar de ellos hasta que “lo dejen”. “Aunque es cierto”, concede, “que es difícil a nivel personal resistir la tentación de darle lo suyo a un troll”.

Al lado contrario estaría el pelotillismo, “un clásico sobretodo en el mundo del periodismo en Twitter”. Hacer visibles los halagos que realiza un tercero es para Rodríguez nada favorecedor, ya que “si cuando alguien te dice que lo estás haciendo mal y no lo haces también visible estás dando una visión no realista de lo que has escrito”. “Además de por una cuestión de pura vergüenza”, confiesa, “a mí me enseñaron que lo de hablar mucho de uno mismo y de sus halagos es de mala educación”.

“Al final de lo que se trata es de que si alguien te sigue, tú a esa persona le estás consumiendo tiempo”, resume, “y aquí hay una relación basada en el intercambio, ya que esa persona te presta algo de atención porque tú le aportas algo de valor añadido”. Humor, contenidos, enlaces, reflexiones profundas… “pero si le das muchas cosas que no le interesan, le estás desincentivando” y es probable que deje de seguirte en las redes sociales.

“La gente”, vale la pena recordarlo, “tiene el control”.

Foto: jaycameron (Flickr), con licencia CC