Cuando te toca ser el líder de un equipo y no consigues conectar con él o sacar todo el partido de su potencial, lo primero que has de cuestionar no es a sus integrantes sino tu actuación o actitud. Pero no para martirizarte, sino para conseguir una solución práctica y efectiva. Estos consejos te ayudarán a mejorar tu papel de líder en el trabajo.

Si empezamos por el “yo no sirvo para esto” o el “es que me ha tocado un equipo muy malo”, no vamos a conseguir llevar a cabo los objetivos que tengamos por delante. Hay que tratar de buscar un remedio ante cualquier situación que se te presente. Eso sí, hay excepciones que no caen dentro de tu jurisdicción, como se diría en las películas. Por ejemplo, cuando existe un auténtico problema de acoso laboral hacia ti o cuando los trabajadores reclaman algo de la empresa en lo que tú no tienes ningún poder de decisión. Aun así, poner en práctica lo que te decimos a continuación nunca empeorará la situación.

Por la fuerza no es la mejor opción

Da igual el equipo al que te enfrentes. Abandona tus prejuicios sobre su capacidad de trabajar bajo presión o sobre su comportamiento si no se les trata con mano dura. A nadie le gusta obedecer por miedo al despido o a otro tipo de represalias que no se derivan de una cuestión netamente laboral. Además, puedes llegar a cometer delito de acoso. Por el contrario, si aplicas el resto de consejos, puedes conseguir un alto rendimiento sin necesidad de comportarte como un ogro y puedes llegar a ser un gran líder.

Liderar un equipo

Estudia las habilidades de cada uno

De nuevo, tienes que hacer un gran trabajo para abandonar tus prejuicios y mirar a cada uno de los componentes del equipo con el único fin de descubrir qué es lo que mejor se le da a cada uno. Por otro lado, determina en qué otras tareas son también muy útiles aunque no sean tan diestros. Tener estos puntos muy claros te ayudará a planificar y organizar de manera eficaz.

Planificar y organizar es una estrategia infalible

Esta es una cuestión principal. De hecho, es tu principal cometido como líder. El resto del equipo ha de centrarse en sus tareas y tú en la de coordinarlas, es decir, combinarlas de una manera ordenada. En la planificación funciona muy bien empezar desde atrás, esto es, calcular lo que supondrá cada fase del proyecto a partir de la fecha de entrega.

Evalúa las necesidades del equipo

Para evaluar las necesidades, tienes que preguntar. Una persona puede llegar a desempeñar su tarea con un rendimiento óptimo solo si dispone de los recursos óptimos. Si no es así, tienes que bajar las expectativas de su rendimiento. En ocasiones, con creatividad se puede encontrar recursos alternativos, pero ha de probarse que realmente sean igual de eficaces. Si no haces una evaluación realista, tu estrategia estará también en el aire.

Consultar no es síntoma de debilidad

En dos de los puntos anteriores, te hemos aconsejado que consultes con tu equipo. No veas esto como un síntoma de debilidad. La imagen que debes proyectar no es la de una persona infalible ni la de alguien a quien admirar, sino simplemente la de quien es capaz de formarse una visión global porque conoce cada rincón del proyecto que lidera y sabe los pasos que hay que dar. Y lo hace mejor que nadie porque dedica todo su tiempo a este cometido. Hay un límite entre el desempeño de una tarea y su coordinación. Tenerlo claro te ayudará a afrontar tu posición con seguridad y que no te sientas atacado por pedir una opinión profesional.

Delegar control y aprender a confiar

Hay una cuestión que a casi todo líder le cuesta asumir. Cuando no puede afrontar el control de tanta tarea, tiene que delegar. Si no, cualquier proyecto está en riesgo de desmoronarse. Es importante saber dónde se delega, qué tareas y por cuánto tiempo. También es recomendable comunicarse con el equipo para reformular la nueva estrategia y hacer un nuevo reparto de funciones. Si se lleva a cabo de una forma transparente, no habrá lugar para la desconfianza y será mucho más sencillo retomar el control cuando se esté en disposición de hacerlo.

El justo y merecido reconocimiento

La falta de transparencia, como se ha dicho en el punto anterior, es una de las grandes fuentes de desconfianza. La otra es la falta de reconocimiento. Y hay que decir que la desconfianza es la archienemiga de cualquier persona que quiera liderar un equipo. Un error muy común es no reconocer la labor del equipo cuando se ha conseguido un logro. Ya no es solo que se esté cometiendo una injusticia, sino que tomar esta actitud genera una desconfianza en el epicentro del equipo que puede ser la grieta que resquebraje un futuro proyecto o incluso la continuidad de tu puesto de coordinación.

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