Las cifras son estremecedoras. Unos 61 millones de niños no van a la escuela en todo el mundo y, con el tiempo, se unirán al grupo de los casi 800 millones de analfabetos que hay repartidos entre los 7.000 millones que pueblan el globo terráqueo. Esta falta de educación condena a sus sufrientes a un futuro de pobreza, exclusión social e indefensión y es un panorama que las ONGs educativas luchan por cambiar. Más allá de darle pescado a un necesitado, es bueno que se haga con una red y empiece a capturar peces por sí mismo.

Entre las que cubren este cupo en España destaca Educación sin Fronteras, desde donde se autodefinen como la “única ONG española laica, independiente y plural que tiene como eje exclusivo de trabajo la educación”. Con sede en Barcelona y delegaciones por gran parte del país, desde 1988 trabajan para “garantizar el derecho universal a una educación transformadora”.

EsF tiene proyectos en 11 países de América Latina que abarcan desde la escolarización de menores y alfabetización de adultos hasta la formación técnica en un oficio, pasando por el fomento de los derechos humanos, de la equidad de género y de las políticas educativas públicas. En España llevan a cabo programas de sensibilización en las comunidades educativas “con el fin de hacer reflexionar a la sociedad sobre las causas que provocan las desigualdades”.

Para mantener todos estos programas y “en el actual contexto de crisis”, “las ayudas económicas son más importantes que nunca”, dicen desde la organización. Aunque tienen, aseguran, una base social formada por socios, donantes y voluntarios “comprometida” y un grupo de empresas con las que colaboran desde hace años en la cofinanciación de proyectos, no pueden decir “lo mismo de los fondos públicos”: “Los recortes y los impagos por parte de las Administraciones están afectando gravemente al sector”, avisan desde a ONG, “y de una manera directa a millones de personas en todo el mundo”.

La última preocupación de Educación sin Fronteras no tiene como escenario un país remoto, sino que ocurre en la propia España. Y es “que la calidad del sistema educativo está en entredicho”. Para ello han impulsado diferentes iniciativas “para movilizar a la ciudadanía y presionar a los gobiernos para que no recorten en educación”. “Somos beligerantes”, dicen con orgullo, “tanto en España como en los países donde intervenimos”.