La figura del emprendedor se ensalza mucho en estos tiempos de crisis, presentando a estos valientes como parte de la solución a los problemas económicos del país. En este contexto, y siguiendo en la línea mini, como los “minijobs”, nace la figura de las miniempresas.

Las miniempresas o empresas de estudiantes es una nueva figura que nace de la Ley de Emprendedores recién aprobada. Gracias a esta herramienta con finalidad pedagógica, los estudiantes universitarios conocerán de primera mano la experiencia de desarrollar su propio proyecto empresarial. Así, se tiende un puente entre la universidad y el mundo empresarial.

Al ser una herramienta para el aprendizaje, tiene una serie de requisitos y limitaciones: el periodo de vida de estas empresas comprenderá el año escolar, prorrogable a dos años máximo. Estas miniempresas podrán abrir cuentas bancarias, realizar transacciones económicas y emitir facturas. Los jóvenes podrán familiarizarse con lo que más tarde será su mundo real.

Las miniempresas que se creen deberán estar inscritas por la entidad que la promueve, como puede ser la propia universidad, y tener un seguro de responsabilidad civil. Sin embargo, aún queda mucho por legislar con respecto a esta nueva figura.

Las empresas de estudiantes son una buena forma de que los jóvenes prueben el mundo empresarial, realicen transacciones reales y legales y conozcan lo que significa ser emprendedor sin que tengan que tomar los riesgos que un emprendedor debe tomar al montar una empresa real.

Sin embargo, tienen sus puntos negativos. La empresa tiene que liquidarse sí o sí como máximo en dos años, así que los jóvenes que consigan el éxito con su miniempresa saben que tarde o temprano tendrán que volver a empezar de cero. Así mismo, los jóvenes percibirán menos peligrosa la aventura emprendedora que, como muchos sabemos, entraña muchos riesgos. ¿Cuál es vuestra opinión sobre las miniempresas?

 

Ciencia económicas y empresariales – Universidad de Navarra con licencia CC (Flickr) de Universidad de Navarra