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Diez puntos porcentuales más. No es una estimación sino una realidad la que viven los más de cinco millones y medio de inmigrantes que residen en nuestro país y que ven cómo, si la tasa de desempleo para los nacidos en España es alta, un 18%, la correspondiente a su colectivo llega a elevarse hasta un 28%. Y todo apunta a que este índice no se quedará aquí.

Según el estudio ‘El perfil del trabajador inmigrante’ elaborado por Randstad, a finales de 2009 tres de cada diez extranjeros se encontrarán desempleados y con pocas perspectivas de abandonar esta situación a corto plazo. “Proporcionalmente son más los que optan por trabajar”, comenta Jordi Rius, director regional de esta empresa haciendo referencia al último incremento en la tasa de población activa inmigrante (hoy 77,5%) y que supera considerablemente a la nacional (60,06%): “El aumento en la incorporación al mercado laboral en su caso es mucho más amplia porque todos los miembros de la familia mayores 16 años aspiran a encontrar un trabajo mientras que, de los nacidos en España, el crecimiento en la actividad sólo ha venido por parte de las amas de casa”, explica Rius. 

Pero es difícil hacerse un hueco en momentos de recesión y más en determinados sectores. El estudio elaborado por esta compañía especializada en soluciones de Recursos Humanos demuestra que la vinculación de la población inmigrante con los más afectados por la crisis —la construcción y los servicios— dificultará la reincorporación de este colectivo al mercado laboral, especialmente para los perfiles de baja y alta cualificación. “Sólo en la hostelería estacional y la industria podemos decir que hay buenas perspectivas —prosigue Rius—, pero aún así, y pese a que empieza a haber una desaceleración en la destrucción de empleo, las cosas están bastante difíciles, sobre todo para los magrebíes, rumanos y peruanos, por su número, escasa cualificación y arraigo”.

Desde la Federación de Autónomos (ATA) las previsiones para los trabajadores extranjeros por cuenta ajena tampoco son muy halagüeñas. En los nueve primeros meses de 2009, el número de autónomos foráneos descendió en un 9,5% y, aunque la ralentización de la caída aquí ya es un hecho —en septiembre «sólo» fueron 372  menos—, el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos lleva suscribiendo pérdidas en este sentido desde julio de 2007.

A diferencia de los anteriores, son los inmigrantes procedentes de estados miembros de la Unión Europea, los que más se están viendo afectados por la recesión —un 94,8% del total—, también los más emprendedores hasta ahora y que, al igual que sus homólogos nacidos en España, están encontrando serias dificultades para conseguir crédito. “Porque si es complicado acceder a financiación para un autónomo autóctono, mucho más lo es para un autónomo extranjero”, como concluía Lorenzo Amor, presidente de ATA, durante la presentación de estos últimos e inquietantes datos.