La pensión por incapacidad laboral es una ventaja social que protege al trabajador que se ve obligado a abandonar su puesto y, por tanto, a dejar de ingresar un dinero con el que mantenerse. Hay distintos grados de incapacidad en función de las posibilidades de realizar una actividad remunerada. También cuentan otros factores que influyen en que el afectado pueda ganarse la vida o tenga que recurrir a una pensión o subsidio asistencial.

En principio, te pueden despedir si estás de baja por incapacidad temporal; sin embargo, recientemente, un fallo del Tribunal de Justicia de la UE ha reforzado la situación de los trabajadores que son despedidos por esta circunstancia. Los tribunales ya podrán anular un despido a una persona que se encuentre en este caso por encontrarlo discriminatorio, pues la incapacidad laboral se considera una discapacidad.

En qué consiste la incapacidad temporal

La incapacidad temporal o IT se produce cuando un trabajador no puede seguir realizando su actividad diaria por las siguientes circunstancias:

  • Por contingencias comunes: es decir, por enfermedad común o por accidente no laboral.
  • Por contingencias profesionales: esto es, por accidente laboral o enfermedad profesional.

Se considera incapacidad temporal durante los primeros 365 días en los que el trabajador se encuentra en esta situación. Después se podrá pedir una prórroga, iniciar un expediente de incapacidad permanente o bien recibir el alta médica.

Si se cumple con los requisitos exigidos por la Administración (que incluyen, entre otros, estar impedido para el trabajo, estar afiliado a la Seguridad Social y, según contingencias, un número de días cotizados), se podrá recibir una pensión durante el tiempo de IT. Este equivale a un porcentaje de la base reguladora y varía en función de si la causa de la incapacidad son contingencias comunes o contingencias profesionales.

Puedes encontrar más información sobre la solicitud de una incapacidad temporal en la web de la Seguridad Social.

Los tipos de incapacidad permanente

Cuando se ha pasado por una incapacidad temporal y si persisten las causas por las que no se puede desarrollar una actividad laboral, llega el turno de pedir la incapacidad permanente. Será la Dirección Provincial del Instituto Nacional de la Seguridad Social quien se encargue de otorgarla. Los requisitos para que la concedan varían en función del tipo de incapacidad:

  • Incapacidad permanente parcial para la profesión habitual, cuando el trabajador es capaz de seguir desarrollando al menos el 33% de las tareas que realizaba antes de la incapacidad.
  • Incapacidad permanente total para la profesión habitual, cuando no se puede realizar ninguna de las funciones del puesto que se ocupaba, pero sí se está capacitado para otras profesiones.
  • Incapacidad permanente absoluta para todo trabajo, cuando el trabajador está inhabilitado para cualquier profesión u oficio.
  • Gran invalidez, cuando, además de estar inhabilitado para trabajar, se requiere la asistencia de otra persona para realizar funciones básicas, como comer, vestirse o desplazarse.

incapacidad laboral permanente

En todos los casos se podrá seguir trabajando, pero depende del tipo de incapacidad. Se tendrá que informar a la entidad gestora de la prestación que se está recibiendo una retribución para que valore la compatibilidad con la pensión que se recibe. En los casos más restrictivos, que son los tres últimos, el inicio de una actividad laboral puede estar sujeto a que lo apruebe la entidad gestora. Es decir, habría que comunicárselo antes de iniciar la actividad.

Si quieres saber más sobre cómo solicitar la prestación por incapacidad permanente, consulta la página de la Seguridad Social.

La incapacidad permanente está sujeta a revisión periódica. En caso de que se retire la pensión porque se produzca una mejoría de la causa de incapacidad, existe la posibilidad de pedir un subsidio por un periodo de 6 meses, prorrogables a otros 6, siempre que se cumplan con los requisitos que exige la Administración.