El mundo se ha convertido en una inmensa red interconectada cada segundo a través de múltiples planos. Una red por la que viajan tanto la información y el conocimiento como la intolerancia y la discriminación. Un mundo complejo y cambiante al que las personas debemos adaptarnos gracias a herramientas que nos ayuden a comprenderlo, mejorarlo y habitarlo. Una de estas herramientas se llama educación.

La educación como herramienta transformadora

Para la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) la educación se enfrenta a un importante reto en el mundo actual. El crecimiento económico ha reducido las tasas de pobreza a nivel mundial pero también ha disparado los niveles de desigualdad y violencia. Ha provocado que el deterioro medioambiental sea alarmante. El pujante desarrollo tecnológico permite que la interconexión favorezca el intercambio y la cooperación internacional pero también que se propague más rápidamente la intolerancia cultural y religiosa. Según esta institución el papel de la educación debe ser el de posibilitar un desarrollo sostenible. Para ello la educación debe incluir diferentes visiones del mundo y dar cabida a las nuevas alternativas.

Estas y otras conclusiones se han volcado en el documento “¿Replantear la educación? ¿Hacia un bien común mundial?”, que se ha presentado recientemente en Barcelona y lo hará en octubre en Nueva York.

Por un nuevo modelo de desarrollo sostenible

El tipo de educación que defiende esta organización es la que tiene un carácter humanista. Debe ir en detrimento la visión economicista, donde solo se aprende aquello de lo que se va a sacar una rentabilidad económica. La visión humanista va más allá y tiene en cuenta la magnitud de la condición humana. Defiende un nuevo modelo de desarrollo en el que se respete el medio ambiente y se favorezca la justicia y la paz social.

Según explica el escrito, la UNESCO funciona como “observatorio mundial de las transformaciones sociales”. Señalan que la mundialización ha creado modelos de crecimiento que han generado subempleo, paro juvenil o empleo precario. La implantación de políticas educativas a nivel local se enfrenta al desafío por la creciente movilidad de los estudiantes a otros países y a las nuevas formas de adquisición de conocimientos. Estos procesos obligan a replantearse tanto la financiación como la evaluación de lo aprendido.

Educación y conocimiento son un bien común de la humanidad

Por último se hace una propuesta de consideración de la educación y conocimiento como un bien común. Desde esta concepción se tiene en cuenta la diversidad de contextos y entra en juego la responsabilidad de las comunidades y las personas sobre ella. La participación. El conocimiento es patrimonio común de la humanidad. El hecho de que tanto el conocimiento y la educación sean un bien común aluden a la responsabilidad de comunidades y personas sobre su creación, adquisición, validación y utilización. Desde esta perspectiva se supera la educación básica, sobre la que ya hay consenso como bien público, y se implica a todo el proceso de formación a lo largo de la vida.