Hace cinco años, el diferencial con el bono alemán era un tema reservado a los simposios de economistas y, sin embargo, hoy en día, en cualquier bar escuchamos hablar de la famosa prima de riesgo. También sabemos quién es Moodys o qué son las hipotecas subprimes. Más allá de estos conceptos aprendidos a marchas forzadas, nuestra maltrecha economía ha obligado a cientos de miles de españoles a cambiar el ladrillo por los libros. Las cifras son apabullantes.

Según un estudio de CC.OO. Madrid, en dos años el abandono escolar temprano se ha reducido en cinco puntos, pasando del 31,2% que registraba en 2009 al 26,3% del pasado 2011. Los autores del estudio subrayan la crisis como principal motivo en este cambio de tendencia. Las cifras siguen sin ser cercanas a las del resto de la Unión Europea pero, poco a poco, nos acercamos.

Pero las aulas de secundaria no han sido las únicas que han visto cómo su número de alumnos engordaba. Las pruebas de acceso a la universidad, la Selectividad, ha ido sumando inscritos en los últimos años, con aumentos que varían entre el 5 y el 10%. Los recortes en educación no parecen haber frenado esta tendencia, como tampoco parece haberlo hecho la manida teoría de que España sea un país con una juventud sobrecualificada. El paro entre los universitarios es aproximadamente la mitad que el del resto de la población. Además, según un estudio de la Fundación de Cajas de Ahorro, cada año estudiado supone un 7% más de salario en un trabajo futuro. Estos parecen ser los datos que se tienen en cuenta a la hora de cursar estudios superiores.

Esperar a que pase el chaparrón protegido bajo el techo de las aulas parece ser la elección de muchos españoles en paro. Esta ha sido precisamente la opción escogida por Marcos, que acaba de retomar sus estudios de Ciencias Ambientales. “Nunca los abandoné del todo, solo los dejé de lado porque en ese momento tenía un trabajo que me ofrecía libertad económica y estabilidad.” Una estabilidad que se tambaleo cuando su empresa despidió a una decena de trabajadores, entre los que se encontraba este madrileño de 30 años. “Me planteé volver a echar currículos, pero iba a estar en la misma situación, con la misma inseguridad. Así que decidí volver a apostar por la universidad.”

Tener un país lleno de universitarios da un empaque intelectual aunque sin la estructura laboral necesaria para absorberlos sirve de poco. La crisis nos está haciendo más listos, pero no más competitivos. Falta el tejido empresarial para dar una salida a licenciados y diplomados. Los expertos coinciden en relativizar la precariedad laboral de los universitarios. Al principio lo tienen más difícil pero en unos años consiguen encontrar su hueco.

Mientras llegan esos años, la universidad se convierte en la elección de cada vez más gente y las opciones al terminar la carrera no paran de crecer. El número de másteres ha aumentado en los últimos cinco años un 196%. Hay más de 2400 opciones para ampliar conocimientos, un abanico que cada día es más amplio.

La crisis ha hecho que la gente acuda a las universidades, donde se comparte el conocimiento, pero lo más importante es que está ampliando la creación de conocimiento nuevo. Según el informe 2011-2012 que realiza el Ministerio de Educación sobre los datos universitarios, las tesis están incrementando su presencia en España, aumentando en 2010 en más de un 6% con respecto al año anterior. En total se leyeron 8747 tesis, un número nunca alcanzado con anterioridad. Especialmente prolíficas son las carreras de geografía, física y química que lideran el ranking de mayor producción de tesis. Las cifras de récord, por lo tanto, no quedan relegadas a la economía y no solo son negativas. Hay más universitarios, más tesis y menos abandono escolar que en toda la historia de España. La crisis dejará secuelas que costará años reparar pero también deja unos pocos datos positivos. Unos datos que deberíamos mantener.