Mucho ha madurado la industria del videojuego desde que los chavales pioneros se quedaban anonados mientras echaban moneditas en las primeras recreativas. De industria marginal a ocio mayoritario con ingresos por encima del cine o la música y todo eso con mucha más piratería, una de las últimas barreras que le queda por resolver es quitarse el estigma de entretenimiento banal. A esto están contribuyendo los juegos de formación, videoaventuras en las que el jugador aprende conocimientos sobre su rama profesional a través de una experiencia inmersiva.

De este y otros tipos de videojuegos sabe un rato Carlos González Tardón, psicólogo por la Universidad de Barcelona, que prepara su tesis doctoral sobre Videojuegos y Transformación Social. “La principal ventaja de los videojuegos aplicados a la educación es la motivación intrínseca que crean”, explica, “aunque el principal inconveniente es que si se utilizan mal pueden provocar aprendizajes indeseados o que lleguen a los alumnos mensajes contradictorios”. Tardón califica a los videojuegos como una “herramienta más”, no “LA herramienta”.

Una de las empresas españolas que más éxito ha tenido en el desarrollo de “La herramienta más” es GameLearn. Gracias a su juego Navieros, ambientado en los astilleros venecianos de 1497, esta empresa multiplicó en 2010 su facturación hasta llegar a la cifra de 870.000 euros. “El éxito de Navieros”, explican desde GameLearn, “es que ha sido el primer simulador dirigido a la formación de habilidades de negociación”. El objetivo es construir un gran imperio naviero y personajes como Leonardo da Vinci o Maquiavelo dan clases magistrales al videojugador y le enseñan trucos, herramientas y métodos útiles en el mercadeo. “La interactividad, la aventura y la historia que lo envuelve junto con la competición por ser el mejor mercader de Venecia”, aseguran, “aumentan enormemente la motivación, el aprendizaje y los ratios de finalización entre los alumnos”. Está disponible en 4 idiomas y 200 empresas lo han usado.