¿Cómo sabemos que los profesores están capacitados para ejercer su profesión? Hace unos meses se desataba la polémica sobre si hay que evaluar a los docentes, y si su retribución debe estar relacionada con la calidad de la enseñanza que se imparte en su centro. Por un lado, habría que ver si esto es conveniente y, por otro, si habría un modo justo de hacerlo.

La OCDE presentó un informe a finales de noviembre en el que señalaba la falta de procesos efectivos que evaluarán la función docente. En España, estas son algunas de las principales formas de reclutar a estos profesionales y llevar un control de su trayectoria:

  • Todos los profesores que tienen plaza en un centro público han pasado unas oposiciones que validan sus conocimientos.
  • Para conseguir la titulación, un maestro de primaria debe cursar un grado en el que se le forma para impartir conocimiento en esta etapa.
  • En secundaria, todos los profesores cuentan con formación universitaria especializada en la materia que imparten y, además, deben tener aprobado el Curso de Adaptación Pedagógica (CAP) o un máster de Profesorado de Secundaria.
  • Dos de las principales labores de los inspectores de educación es cuidar de que todos estos requisitos están en regla y que se cumple con el currículo.

Pruebas, criterios de selección y seguimiento hay. Sin embargo, cabe preguntarse dos cuestiones a las que se está dando contestación desde los distintos actores que intervienen en el proceso educativo:

  • ¿Son suficientemente eficientes o hay que replantearlos?
  • ¿Hay que añadir más procesos y criterios en la selección del profesorado, además de los que ya existen?

Que unos cobren más que otros

La polémica de hace dos meses la protagonizó el último libro de José Antonio Marina, en el que dice que “los buenos profesores no pueden cobrar lo mismo que los malos”. El Ministerio de Educación le encargó el año pasado elaborar el Libro blanco de la función del docente no universitario y se comprometió a estudiar la propuesta de Marina sobre que una parte de la retribución del profesorado estuviese relacionada con la evaluación del centro educativo.

Los sindicatos de Enseñanza reprobaron esta medida. Consideraron que hay muchos factores que pueden influir en la evaluación del centro y que un colegio o un instituto no es una empresa donde se premia la productividad.

Por otro lado, ya existe un incentivo que premia la actualización de conocimientos del profesorado. Una parte del sueldo de un docente depende de su formación, si acumula un número de horas de formación fuera de su trabajo, puede cobrar los sexenios.

Más allá de la polémica

Hay otras medidas que no han generado tanto debate sobre las que merece la pena reflexionar. Marina habla del papel actual de los inspectores, que está más cerca de vigilar que de servir de apoyo y de referente para los profesionales. Su propuesta es que se encaminen a mejorar las competencias de los docentes más que a fiscalizarlas.

El Libro blanco de la función pública docente es un intento de hacer un acuerdo de mínimos con todos los grupos políticos. Pretende regular el acceso a la profesión y el desarrollo de la carrera. Era un documento que los sindicatos llevaban tiempo reclamando; sin embargo, la polémica sobre las retribuciones asociadas a la calificación del centro ha hecho que se enfríe el diálogo.